Irantzu Pinillos tiene 47 años y casi 20 los ha dedicado a los derechos humanos en países como Nepal o Sudán del Sur. En 2024 le diagnosticaron cáncer de mama . Tras la mastectomía, decidió no someterse a una reconstrucción. “ Trabajé para aceptar mi cuerpo y aprender a quererme de otra manera ”, cuenta. El 24 de noviembre comenzó un viaje de 17 días por Senegal en bicicleta y kayak. No irá sola. Es una de las cinco protagonistas de la XII edición del Reto Pelayo Vida, que tiene la colaboración de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Recorrerán desde la costa de Dakar hasta los paisajes tropicales de Casamance, en el sur. “ El deporte es un tratamiento más ”, destaca la doctora Isabel Echavarría , secretaria científica de la SEOM y oncóloga del Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Y es que “cada vez tenemos más datos del valor del deporte, tanto en la prevención como en el tratamiento del cáncer”. Según la especialista, el ejercicio puede reducir la inflamación crónica , mejorar la tolerancia a la radioterapia y la quimioterapia y aliviar algunas de las dificultades de los tratamientos hormonales. También hay evidencias de menos recaídas en determinados tumores , como el de mama o el de colon. “ El ejercicio físico es clave en las pacientes con cáncer de mama . Diferentes estudios han demostrado una asociación entre la práctica regular de ejercicio físico y un mejor pronóstico de la enfermedad, incluyendo un menor riesgo de recidiva y de mortalidad, estimándose que podría reducir el riesgo de recidiva en hasta un 20%”, concreta Echavarría en entrevista con Infobae . Además, “ se recomienda realizar ejercicio físico durante todas las etapas de la enfermedad ”, desde los primeros tratamientos, durante y después; entre 150 y 300 minutos semanales de movimiento aeróbico y, al menos, dos sesiones de fuerza. Eso sí, nadie tiene que empezar por el modo héroe. “ No es necesario ir a alta intensidad para obtener beneficios ”, aclara Echavarría. “Lo fundamental es encontrar una actividad que pueda mantenerse de forma regular a largo plazo”, sostiene. Cinco mujeres, un equipo de todas Una de las claves del deporte es que puede “ayudar a recuperar la imagen corporal , contribuyendo de esta forma a recuperar la confianza y autoestima”, apunta Echavarría, que recuerda que los tratamientos del cáncer de mama suelen traer cambios físicos importantes. Irantzu lo nota en primera persona: “ Mi confianza y autoestima han ido en aumento . Ojalá sirva de inspiración para otras mujeres que viven esta situación”. Como ella, Vanesa Amigo , de 45 años, exgimnasta de élite y bicampeona de España . Le diagnosticaron un cáncer de mama a finales de 2024 y pasó por una mastectomía. Para ella, la actividad física ha sido “un pilar esencial para la recuperación física y la estabilidad mental”. Madre de dos hijos y encargada en Primark, asegura que la preparación ha cambiado la vida en casa: “El reto nos ha cambiado a toda la familia”. Noemí Carrasco , de 42, instructora de ciclo indoor y apasionada de los viajes, ya había superado un cáncer de tiroides en la infancia antes de que en 2024 le diagnosticaran uno de mama. En el entrenamiento ha encontrado una forma de recuperar el control. “ Es un tsunami que te mete en un túnel de miedo , por eso es tan importante ver la experiencia de otras personas que lo han superado y viven una vida mejor, con más gratitud y plenitud ”, dice. Su respuesta: “Con esta experiencia y el deporte le digo al cáncer: ‘Ahora me voy a poner más fuerte que nunca’”. Irantzu destaca el cariño que ha surgido entre las participantes. Milena Amelibia , matrona donostiarra de 42 años, cree que apoyarse mutuamente en los momentos de debilidad será una de las partes más gratificantes del viaje. A ella el cáncer de ovario la sorprendió a los 35. “ Me quitó el sueño de ser madre y me dejó secuelas ”, recuerda. Una de ellas es un linfedema crónico en una pierna. La montaña se convirtió en el lugar donde recuperó su autoestima y aprendió a convivir con sus limitaciones. Completa el equipo Marta García Bodí , valenciana de 42 años, a quien diagnosticaron un cáncer de ovario en 2023, durante su embarazo. Para ella, la expedición es una oportunidad de compartir su experiencia: “ Quiero un soplo de esperanza a mujeres que pasan por un proceso oncológico . Que vean que existe una vida posterior saludable y plena”. El miedo al brazo operado Uno de los miedos más habituales entre las pacientes de cáncer de mama ocurre después de la cirugía: el linfedema. Paloma Domingo , presidenta de la Asociación Española de Linfedema y Lipedema (AEL), lo explica con más detalle para este medio: es un aumento de volumen causado por la acumulación de macromoléculas y líquido en los tejidos. Tras el tratamiento del cáncer de mama, se debe a que falla el drenaje de la linfa: los ganglios de la axila , “una estación de filtro”, han sido extirpados o dañados. “El linfedema no aparece de forma súbita”, avisa. Suele mostrarse en los dos primeros años, aunque puede surgir en cualquier momento. La señal de alerta es un aumento de volumen en el brazo o la mama del lado operado que aparece y desaparece, o una sensación de pesadez . Ante eso, hay que consultar al médico cuanto antes, apunta. La buena noticia es que el deporte vuelve a ser amigo. “ El paradigma de coger peso y hacer ejercicio físico afortunadamente ha cambiado , aunque todavía hay muchos profesionales que siguen recomendando no hacerlo a pesar de la evidencia científica que hay sobre el mismo”, lamenta Domingo. Echavarría lo comparte: “Los ejercicios de fuerza no están contraindicados y, realizados de forma progresiva y con una supervisión adecuada, son seguros incluso en pacientes con riesgo de linfedema ”. Del mismo modo pasa, según la presidenta de AEL, con ejercicios de resistencia en pacientes con cirugía axilar o radioterapia. Eso sí, advierte de que “una prevención al 100% no es factible”. Tras la operación, la oncóloga recomienda empezar pronto con ejercicios suaves de movilidad del brazo y del hombro , siguiendo las indicaciones del equipo quirúrgico, y prestar atención a cualquier dolor, inflamación o limitación del movimiento. Remar: de Vancouver a la Casa de Campo Una de las experiencias que respaldan ese cambio de mirada se remonta a 1996. Ese año, el primer festival internacional de dragon boat fuera de China, el deporte de remo en barcas de equipo que nació allí hace más de 2.000 años, reunió en Vancouver a un equipo de mujeres tratadas de cáncer de mama. Se llamaba Abreast in a Boat, “sentadas una junto a otra en un barco”, y su primer objetivo era comprobar si las mujeres con riesgo de linfedema podían entrenar sin desarrollarlo. “ No era lógico pensar que una mujer tuviera que renunciar a utilizar una parte de su cuerpo ”, dice Domingo a Infobae . El remo “ es un buen ejercicio, ya que combina el trabajo de diferentes grupos y cadenas musculares simultáneamente , cosa que no se realiza con otros tipos de entrenamiento de fuerza. Ya que no solo se trabaja el tren superior, sino también el inferior”, explica la presidenta. Pero sobre todo porque “las mujeres empiezan a tener confianza en sí mismas y sienten que pueden hacer cualquier cosa”.
Irantzu Pinillos tiene 47 años y casi 20 los ha dedicado a los derechos humanos en países como Nepal o Sudán del Sur. En







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