La aparición de un niño que llevaba años desaparecido reabre una investigación que parecía cerrada. El principal sospechoso es un asesino serial que permanece internado en una institución psiquiátrica. Sin embargo, su encierro no alcanza para explicar lo sucedido: hay otra persona desaparecida y el tiempo para encontrarla se agota. Ese es el punto de partida de Nocturno , la nueva serie de Apple TV que se estrena el viernes 30 de octubre , con Liev Schreiber y Zazie Beetz como protagonistas y Stephen Graham en el papel del perturbador Jurek Walter. El thriller psicológico tendrá diez episodios , con dos disponibles desde el lanzamiento y uno nuevo cada viernes hasta el 25 de diciembre. Schreiber interpreta a Jonah Lynn, un exsoldado y antiguo detective de homicidios de Filadelfia que se trasladó a un pequeño pueblo de Pensilvania en busca de tranquilidad . El caso lo obliga a regresar a una investigación que nunca consiguió dejar atrás y a trabajar con Saga Bauer (Beetz), una agente del FBI con la que mantiene una relación casi paternal. Mientras intentan encontrar respuestas, ambos deberán enfrentarse a un criminal cuya principal arma es la manipulación psicológica. Inspirada en The Sandman , novela de Lars Kepler —seudónimo de los escritores suecos Alexandra Coelho Ahndoril y Alexander Ahndoril—, la serie fue creada para televisión por Rowan Joffé y desarrollada por John Hlavin, ambos también guionistas, responsables creativos y productores ejecutivos. El elenco incluye además a Bill Camp, Rory Culkin, Chrissy Metz, Poorna Jagannathan, Gary Carr y Landon Valentin. A pocos días del estreno, LA NACION participó de una conferencia de prensa internacional con los protagonistas , quienes compartieron detalles sobre la preparación de sus personajes, el desafío de adaptar un policial nórdico a los Estados Unidos y la experiencia de trabajar juntos. — Los dos trabajaron anteriormente en thrillers criminales. ¿Qué tuvo Nocturno para que quisieran involucrarse tanto como actores como productores ejecutivos? Zazie Beetz: —No suelo pensar: “Quiero hacer más de este género o de aquel”. Siempre me pregunto si el personaje me resulta interesante, si la historia me interesa. Y Saga me pareció interesante. Me entusiasmaba interpretarla porque representaba un desafío para mí, especialmente por el trabajo encubierto y la posibilidad de construir distintas facetas de ella. Como actriz, eso me resultaba atractivo. Pero también me interesaba la historia. Me gusta la oscuridad y explorar el lado oscuro de la humanidad y creo que los thrillers criminales hacen eso muy bien. Es un género divertido que permite explorar los rincones silenciosos de nuestra mente. Liev Schreiber: —A mí sí me gustan los géneros y este probablemente sea uno de mis favoritos, el noir nórdico. Habría interpretado cualquiera de los tres papeles que me ofrecieran porque me gusta muchísimo este género. — ¿Qué fue lo que más disfrutaron del rodaje? Beetz: —Me gustó mucho el talento con el que pudimos trabajar, tanto delante como detrás de cámara. Trabajar con Liev, por ejemplo. La manera en que piensa y analiza una escena. Tiene una aproximación muy académica porque hizo muchísimo teatro y tiene una relación muy profunda con los textos. Además, él también escribe. Aprecié cuánto le importa lo que hace y cómo busca conseguir el mejor resultado posible. Schreiber: —También me gusta este género porque, cuando hablábamos de leer los libros, los dos sentíamos que podíamos oler la nieve, percibir la desolación, la soledad y la amplitud de los espacios. El verdadero desafío era cómo trasladar todo eso a una sensibilidad estadounidense. Personajes marcados por el miedo — Liev, ¿qué fue lo que más te atrajo de Jonah Lynn y cómo hiciste para darle tu propia interpretación? Schreiber: —No creo que los actores tengamos realmente una elección. Siempre hacemos nuestros a los personajes porque somos nosotros quienes los interpretamos. Pero sí hay aspectos con los que algunos conectamos más que otros. Yo probablemente sea una persona impulsada por cierto nivel de miedo o ansiedad. Y eso fue lo que más me habló del personaje de Jonah: la cantidad de miedo y ansiedad que lleva consigo. — ¿Hiciste algún trabajo de investigación previo a interpretarlo? Schreiber: — Sí, hablé con algunos detectives de homicidios de Pittsburgh. Nos encontramos en un bar bastante tarde, empezamos a tomar algo y, en un momento, surgió una pregunta: “¿Se acuerdan de la primera vez que vieron a una persona muerta? ¿Y de la última?”. Fue muy emotivo y conmovedor escucharlos hablar de cómo se habían ido acostumbrando a la muerte. Me pareció un punto de partida muy interesante para explorar al personaje, especialmente dentro de la tradición del noir nórdico. — Zazie, Saga tiene que hacerse pasar por una paciente psiquiátrica para acercarse a un asesino serial. ¿Qué referencias utilizaste para construir esa identidad? Beetz: —Me inspiró mucho Inocencia, interrumpida . La inestabilidad de algunas de esas chicas, la sensación de estar dentro de una institución y su vulnerabilidad fueron referencias para mí. También hablé con profesionales de la salud mental sobre cómo es tratar a personas con esquizofrenia y vi videos de personas que documentaban sus experiencias, incluso durante episodios activos. Observé sus gestos y escuché sus descripciones. Por supuesto, existe un espectro muy amplio de experiencias, así que tenía que decidir cómo sería Esther [la identidad que adopta Saga durante su infiltración]. Fue fascinante. Multiplicó enormemente mi empatía y quería hacer hincapié en la vulnerabilidad de esas personas. — En las historias policiales suele ponerse el foco en atrapar al culpable, pero acá también vemos cómo una investigación afecta a quienes trabajan en ella. ¿Qué les interesó de ese aspecto? Beetz: —Creo que este caso es extremadamente personal para los dos. Incluso cuando un caso no comienza siendo algo personal, si pasás años intentando estudiar la psicología de alguien y entender sus motivaciones, imagino que termina consumiéndote por completo. En la serie, nuestras experiencias y emociones empiezan a mezclarse con la investigación. Y creo que tomamos decisiones que no necesariamente son las mejores desde un punto de vista profesional, porque estamos motivados por nuestras emociones. Schreiber: —Eso también es algo característico del género: la desolación, la desesperación y la fragilidad humana no están presentes en un solo personaje, sino que se distribuyen entre todos. Intentamos tenerlo muy presente durante el desarrollo de la serie. Muchos de estos personajes están construidos a partir del trauma. La otra cara de un rodaje oscuro — ¿Cómo hicieron para construir esa atmósfera opresiva junto a Stephen Graham? ¿Mantenían cierta distancia fuera de cámara? Beetz: —Creo que, al menos entre Stephen y yo, casi todo surgía de las propias escenas. Él es como un enorme oso de peluche. Entraba y salía de Jurek, y su personalidad es completamente diferente de la del personaje. No quiere comportarse como un imbécil en el set. Su filosofía es disfrutar del tiempo que estamos trabajando y conseguir que los demás también lo disfruten. Es un hombre lleno de vida y carisma, con una energía muy intensa que canalizó de otra manera para interpretar a Jurek. Pero no diría que el ambiente siguiera siendo opresivo entre escenas. — ¿Y qué hacen para desconectarse de sus personajes después de una jornada de rodaje? Beetz: —Suelo escuchar música tranquila. Necesito pasar una noche en calma, porque estar afuera es extremadamente social y demandante. Ceno, repaso mis líneas y quizás veo alguna película o serie tranquila. Los días son largos y terminás convirtiéndote un poco en un monje. Tenés que crear ciertos rituales para atravesar las jornadas. Schreiber: —Yo nunca tengo chofer. Me parece que manejar hasta el set y volver a casa conduciendo son dos maneras excelentes de despejar la cabeza. Si no te concentrás, podés tener un accidente. Entonces manejar requiere toda tu atención y, de alguna manera, te devuelve al cuerpo. Es como una meditación.
La aparición de un niño que llevaba años desaparecido reabre una investigación que parecía cerrada. El principal sospech



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