Un sirviente en Valaquia (la actual Rumania ) se transforma en un pirata en los mares griegos, y luego en Emperador de Abisinia (hoy, Etiopía ). Y en cada una de ellas tiene un nombre diferente: Tudor, Theodoros y Tewodros II. Cada forma de llamarse da inicieso a una nueva vida, pero es siempre el mismo personaje, mezcla de un lado y del otro; de lo primaveral y lo ventoso; de lo bueno y lo insondable. De ello trata Theodoros (2022) la última novela del escritor rumano Mircea Cărtărescu . Tan desbordante como monumental, en castellano se encuentra bajo el sello español Impedimenta , y ha recibido los elogios y aplausos de la crítica a nivel mundial. “Cărtărescu es la gran estrella de las letras europeas”, ha señalado La Vanguardia, y habló de la novela como como una “épica del exceso” y un “mecanismo atroz perfectamente engrasado”. Poeta y narrador, su trayectoria ha sido reconocida con el Premio Formentor de las Letras (2018), el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (2022) y el Premio Internacional Mondello (2024); y como sabe toda persona interesada en el mundo de los libros, es un habitual en los nombres que año a año suenan en las casas de apuestas de cara al Premio Nobel de Literatura . Un eterno candidato. Por estos días, Mircea Cărtărescu (70) estará en Chile, pues ofrecerá la charla La realidad como alucinación en el marco del Festival Puerto de Ideas . Antes de eso, se dio el tiempo para charlar con Culto , y se refirió justamente a su última novela, Theodoros . “Es una historia contada por ángeles sobre un tirano sangriento (pero también un hijo amoroso) cuya alma es disputada tras su muerte entre el Cielo y el Infierno”, nos dice. -En Theodoros combina historia, aventura, leyenda y fantasía. ¿Qué quería explorar en este libro y en qué se diferencia de sus novelas anteriores? -Theodoros es una obra de arte pura, “una cosa de belleza” ( a thing of beauty ), como dijo Byron. En esa novela quería demostrar que puedo hacer literatura sin motivos o mensajes exteriores. No es una novela histórica, sino una novela sobre la novela histórica, un libro autorreferencial. La mejor descripción de mi novela es el techo pintado de una enorme catedral, una alegoría barroca que abarca varios mundos: desde los tiempos bíblicos del rey Salomón y la reina de Saba, pasando por la mítica Valaquia donde nieva continuamente, por el archipiélago griego, la corte de la reina Victoria y finalmente hasta la belleza eterna de Etiopía. En Theodoros pretendía construir un complicado mecanismo de reloj con muchísimas ruedas dentadas que funcionan juntas en armonía. La historia se desarrolla en 3 continentes y a lo largo de un período de 3.000 años, y termina con un Apocalipsis ambientado el 4 de febrero de 2041, donde el mundo se acaba. ¡Espero no ser un profeta! -Comenzó su carrera literaria como poeta antes de dedicarse también a la narrativa. ¿Qué encontró en la narrativa que no podía expresar a través de la poesía? -La palabra poesía tiene dos significados: es el arte de los versos y es una forma de ver el mundo. Se pueden escribir muchos libros de poesía sin ser un verdadero poeta. Por otra parte, hay poetas maravillosos que nunca escribieron ni un solo poema. Me considero poeta sobre todo en el segundo significado. No necesito escribir poesía para ser poeta. Escribí ocho libros de poemas hasta los 30 años, y para ese momento pensé que era suficiente. Odiaba la idea de estar escribiendo poesía toda mi vida. A partir de ese momento me pasé a la prosa, que se adapta mejor para expresar las cosas cuando alcanzas la madurez. La poesía es un arte de la juventud. Pero la sustancia de mis novelas y mis cuentos siguió siendo poética, fantástica, visionaria. Las novelas realistas y sociales me aburren un poco. Creo que todos los grandes novelistas fueron en realidad poetas, desde Dostoyevski hasta Joyce, desde Virginia Woolf hasta Musil o Kafka. -Ha dicho que todos sus libros son poemas y necesitan ser leídos por poetas. ¿Qué significa eso y qué espera de sus lectores? -Bueno, nunca espero nada de mis lectores. Si aman la literatura y tienen algo en común con mi manera de sentirla, disfrutarán de mis libros. Si no, mis libros no son para ellos. La belleza de la literatura consiste en su diversidad. Todos los escritores son diferentes y se dirigen a diferentes tipos de lectores. No me gusta mucho Chéjov, por ejemplo, pero a muchísimos lectores les encantan sus cuentos y sus obras teatrales. Lo importante es la empatía entre el escritor y el lector, porque tienen que formar un equipo, trabajar juntos en cada libro. Los libros no son solo obra de los escritores, sino una compleja colaboración entre ellos y sus lectores. Un gran libro no vale nada sin un gran lector. Una obra genial nos convierte a todos los que la leemos en genios también. Mis novelas no son para el entretenimiento, sino para el autodescubrimiento. Son poemas escritos por un poeta para poetas. No para autores de versos, sino para personas que pueden ver la belleza en las cosas del mundo que los rodea. -En sus novelas, los sueños, los recuerdos y la realidad se entremezclan constantemente. ¿Cómo entiende la relación entre la imaginación y la realidad? -Sabes, existe una figura geométrica llamada la cinta de Möbius, que parece tener dos caras, pero en realidad solo tiene una. La realidad y la fantasía están, en mis escritos, en las dos caras de una cinta de Möbius: no separadas, sino fluyendo la una en la otra. Nuestros días y nuestras noches son lo mismo: vivimos una vida consciente durante el día y soñamos durante la noche. Pero en realidad nuestra vida real también es producto de nuestro cerebro, al igual que los sueños nocturnos. Nuestra mente no puede notar la diferencia entre ellos. Un sueño se siente real para quien lo sueña. Es por eso que todos mis libros parten de un tipo de prosa muy realista, pero se van desplazando lentamente hacia la fantasía, los arquetipos, los sueños, y de vuelta a la realidad. Creo que un relato “realista” de nuestra realidad tiene que verse así. Porque tenemos una vida exterior, pero también una interior, y ambas son importantes. Fluyen continuamente la una en la otra. -Sus libros han tenido muy buena acogida entre los lectores de habla hispana, tanto en España como en América Latina. ¿A qué cree que se debe esta conexión con su obra? -Mis libros han sido bien recibidos en los 30 idiomas y espacios culturales a los que han sido traducidos hasta ahora, pero es cierto que mis mejores lectores están en España y en América Latina. Tal vez esto se deba al idioma (el rumano es una lengua latina), o a la historia (nosotros también tuvimos, por desgracia, muchas dictaduras, de derechas y de izquierdas), o a nuestra preferencia compartida por la literatura fantástica (nuestra literatura ha tenido grandes escritores en el género fantástico, empezando por Mihai Eminescu e incluyendo a Mircea Eliade y Vasile Voiculescu). Pero creo que todas esas raíces, tomadas en conjunto, son la mejor explicación de por qué mis libros son tan amados en el mundo hispanohablante. -Su nombre aparece año tras año entre los candidatos a ganar el Premio Nobel de Literatura. ¿Cómo vive estas expectativas? -Puede que no viva otros 50 años para llegar a saber con certeza si alguna vez estuve en la mira del Comité del Nobel. Todo lo demás es especulación. Siempre he sido un estoico: no pienso en cosas en las que no puedo influir. Pero ser considerado digno del Premio Nobel, aunque nunca lo consigas realmente, es un gran honor. -¿Cómo ve la literatura contemporánea? ¿Cree que los escritores siguen explorando todas las posibilidades de la imaginación o tienden a predominar hoy otras preocupaciones? -No tengo un panorama completamente desarrollado de la literatura contemporánea. Amo a unos pocos escritores, pero creo que estamos viviendo en una época con menos grandes escritores que en tiempos pasados. La verdadera literatura me parece sofocada hoy en día por la comercial. Los agentes y los editores imponen su poder y su deseo de ganancias rápidas a los escritores. Muchos escritores buscan temas de moda, andamiajes ideológicos para sus obras. Son tiempos de crisis y guerras, la gente está angustiada y preocupada, y las artes sufren por ello. Solo los verdaderos escritores, aquellos que escribirían incluso aunque nadie leyera ya, pueden seguir resistiendo en nuestros tiempos oscuros. -Bucarest ocupa un lugar central en su obra. ¿Cuánto de la ciudad real hay en sus libros y cuánto pertenece a la ciudad que ha imaginado? -Bucarest nunca ha sido una ciudad real en mis libros, sino más bien un estado de ánimo y, a veces, un alter ego. La mayoría de los escritores que amo han puesto a su ciudad natal en el mapa literario. Conocemos San Petersburgo por las novelas de Dostoievski, Buenos Aires por Borges, Lima por Vargas Llosa, Alejandría por Lawrence Durrell, etc. Yo quería hacer lo mismo con Bucarest. Hay varios Bucarest muy diferentes en mis libros. En mis poemas, esta ciudad es una metrópolis de acero y cristal, llena de grandes coches y mujeres hermosas, en fuerte contraste con la ciudad en ruinas, al estilo de La Habana, donde realmente vivía. En mi trilogía Cegador ( Blinding ) describí una ciudad orgánica, casi un ser humano, el héroe central de mi libro. En Solenoide , Bucarest es “la ciudad más triste del mundo”, una ciudad destartalada que tiene en sus alcantarillas subterráneas máquinas steampunk que producen levitación. -Después de tantos años dedicados a la escritura, ¿qué sigue buscando en la literatura? ¿Qué le gustaría descubrir que aún no haya encontrado? -La literatura es tan vasta e inagotable que no terminaría ni en mil años lo que tengo que decir. Me encanta reestructurarme y reinventarme de vez en cuando, producir libros inesperados, sentirme fresco y encaminado todo el tiempo. Nunca pienso en los libros que he publicado hasta ahora. Mis únicos libros vivos son el que estoy escribiendo ahora y los que voy a escribir después. -Y en otro plano, ¿cómo ve el impacto de la inteligencia artificial en la literatura? -Para las personas que escriben literatura hoy en día, la inteligencia artificial se ha convertido en una gran tentación. Por lo general, escribo una novela en 5 años. Escribir una similar en 15 minutos es, por supuesto, muy atractivo. Pero es un robo. No puedo usar otra palabra para ello. Conozco escritores, incluso buenos escritores, que lo hacen, para su eterna vergüenza. No sé qué pasará en el futuro, pero yo, por mi parte, nunca usaré la inteligencia artificial en mi escritura. Ni siquiera para documentarme. Lo he hecho todo yo mismo, con mi pobre talento, durante 50 años, y no quiero robar el trabajo de nadie más ni ser sustituido por una máquina ahora. Prefiero escribir despacio y mal con mi propia mano antes que producir toneladas de novelas artificiales. Mircea Cărtărescu ofrecerá la charla La realidad como alucinación este domingo 8 de noviembre a las 12:30 hrs. en el Festival Puerto de Ideas . Las entradas para esta ya se encuentran agotadas.
Un sirviente en Valaquia (la actual Rumania ) se transforma en un pirata en los mares griegos, y luego en Emperador de A



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