Patricio Hernández . Excelso mediocampista. Talento de exportación. Gambeteador de las antinomias. Tan certero al poner en palabras sus conceptos, como cuando dentro de la cancha habilitaba a un compañero. Orgulloso de San Nicolás, donde se crió rodeado de amor, fe y fútbol, esa pasión que es una religión en todo el planeta. Hasta catequista del mismísimo Diego Armando Maradona . Sí, del Dios del fútbol, al que le explicó sobre la Biblia y a quien llevó a misa en el Mundial 82, en el que fueron compañeros de habitación y lo hizo tomar la comunión por primera vez. “Diego era un nene que amaba la pelota” , lo describe con una sonrisa, emoción a flor de piel y anécdotas estupendas en el mano a mano que le brinda a LA NACION. Como su querido Diego, Patricio también giró por el mundo con el impulso de la pelota y ahora, a los 70 años, mantiene ese amor por el fútbol. El documento, apenas un número. Su vida, historia y aprendizajes, un pasaporte repleto de sellos que lo marcaron: Carlos Bilardo, César Menotti y Osvaldo Zubeldía , entre otros, forjaron a esta figura que ahora les enseña a los más chicos en las divisiones juveniles de Racing, en las que se desempeña en el área de metodología para desarrollar la técnica de los pibes. El botín, su pincel en la cancha. Afuera, no sólo un director técnico docente: también escritor. En su libro Mi fútbol y yo , juntó a Bilardo y Menotti, autores del prólogo y el epílogo respectivamente. Es hombre de redes sociales: comparte en Instagram opiniones y vivencias futboleras. Inteligencia natural. Sin contenidos artificiales ni respuestas de protocolo; de la reivindicación a la Scaloneta, al crudo análisis del fútbol de cada domingo. Admiración por Messi y un consejo para Di María. Apasionado por aprender, agradecido al deporte y con un propósito que hace mucho disfruta y es una herencia familiar: enseñar. Definirlo, igualmente, es limitarlo. Escucharlo (leerlo), un placer. —¿Cómo te sentís en este nuevo rol con los juveniles de Racing? —Es maravilloso. Que una institución del calibre de Racing me venga a ofrecer que dé mi experiencia a los chicos, me parece una cosa maravillosa y lo agradezco. Siempre digo que mientras esté la pelota y una cancha, y ni hablar si hay jugadores, en este caso niños, me parece una tarea apasionante. Así como hay cervezas alemanas, como el campo argentino tiene las mejores carnes con Australia, Avellaneda es un centro neurálgico. Y yo conozco todo el mundo del fútbol -hablo de Europa y del resto de América-, y Avellaneda es uno de los polos más extraordinarios en cuanto a talento de futbolistas. Estoy en una zona donde el fútbol es una pasión, una vocación, y donde hay tantísimos jugadores de fútbol. Por lo tanto, estoy feliz. —Venís de una familia donde impera la docencia. ¿Representa un compromiso extra la tarea con los chicos? —Como jugador y como entrenador, siempre me preocupé mucho de ser un buen ejemplo, porque a mí me los transmitieron en la familia y también en el fútbol. Me crie en Estudiantes de La Plata, que tiene un fuerte arraigo en la educación deportiva, y yo creo que transmitir eso es una misión que en esta etapa de la vida me queda sencillo, simple. El secreto de la pedagogía es el amor. Por lo tanto, el jugador, el niño, siempre está atento a descubrir nuevos horizontes, sobre todo porque ellos tienen aptitudes para jugar al fútbol. No es ni más difícil ni más fácil que en el pasado, es simplemente tocar la tecla justa: quererlos, mimarlos, ir educándolos en el día a día. -¿Sentís que en estos tiempos de inmediatez es difícil desarrollar la paciencia en todos los niveles? —La paciencia la tenés o no la tenés. Me guío mucho por el sistema preventivo, el de los curas salesianos con Don Bosco, que trata de la amabilidad y la gentileza; tratar bien a los chicos y ser amorosos con ellos. Creo que ese es el camino. Lo que necesitan los niños es una persona que haya jugado al fútbol y que recuerde siempre que alguna vez fue niño y solamente con la pelota se hace el resto. En todas las épocas hubo grandes maestros y ahora, también. Y siempre se compitió para ganar, pero reitero cosas que decían maestros como Zubeldía y Bilardo: muchos jugadores necesitan un tiempo de adaptación y crecimiento. Y si de un entorno hay apuro, trato de poner un freno inteligente. —De Zubeldía has dicho que “sentarse y escucharlo era aprender todo el tiempo”. ¿La comunicación se ve afectada con la tecnología y el clima de época? —No, aunque por supuesto que cuanto menos desarrollo biológico tengan, menos educación tengan... Hay que ser muy paciente y tratar de ser muy inteligente para llegarles de todas formas. -Cuando eras juvenil tuviste choques con Bilardo durante una gira con Estudiantes y reclamaste que cobraran igual que los grandes. —Bueno, la adolescencia de uno también fue difícil. Ellos supieron comprender, en ningún caso yo tenía la razón. Incluso hasta después, de más grande, por la época que se vivía en el fútbol, cuando nosotros hacíamos giras, no nos pagaban en la gira. Nos pagaban en las 48 horas después de que regresábamos para que ahorráramos la plata. O sea que de muchas maneras te enseñaban cosas de la vida, la inversión, y eran gente moralmente muy sana. —El ambiente del fútbol en general, con tanto bombardeo publicitario y mostrando cosas más frívolas, ¿descompone un poco el sentido de lo que es el fútbol en su esencia? —Después de una carrera de 18 años de futbolista, de muchos años de entrenador, estaba un poco descreído de algunas cosas que había soñado toda la vida. Pero la selección argentina, ya de hace mucho tiempo, me viene atrayendo la atención para decir que lo más hermoso que hay en la vida es el fútbol. La selección argentina, que son megamillonarios los chicos, son humildes como nunca -o como pocas veces yo había visto- dentro de planteles de fútbol. Por lo tanto, tenemos una realidad que es la selección argentina, que es un ejemplo de hombría de bien, de gente moralmente sana y por otro lado tenemos un fútbol doméstico que no va a la altura de nuestro seleccionado. —Quedémonos en ese contrapunto. ¿Qué te genera pasar de ver a esta selección al torneo de 30 equipos o situaciones que se dan en los partidos? —Es muy marcado, muy. Prefiero quedarme con esa sensación de que debemos imitar a los técnicos de la selección argentina, su humildad, su sencillez para no aparecer en donde no tienen que aparecer. También me quedo con la sencillez de los jugadores de seguir al líder deportivo que tienen. Por lo tanto, yo creo que a nivel dirigentes, a nivel entrenadores, a nivel jugadores, tenemos que seguir este camino que marcaron a fuego Scaloni y Messi y todos los que integran el equipo: han dado una muestra de que en conjunto podemos hacer cosas hermosas. —Vos personificás un salto a grietas como menottismo y bilardismo. ¿Scaloni viene a ser una síntesis de uno y de otro? —Scaloni es una síntesis del fútbol argentino. No podría enmarcarlo. Para mí, el menottismo se terminó con Menotti; el bilardismo, con Bilardo; el peronismo se terminó sin Perón. Creo que Scaloni rescató las virtudes y, a través de los defectos que él seguramente vio a lo largo de la historia o de su historia en el fútbol, formó en un producto 101% made in Argentina . —¿Esta selección es la famosa “nuestra” del fútbol argentino? —Tampoco existe la nuestra. ¿Qué es? A nosotros nos enseñaron a jugar los ingleses, pero nuestros padres y abuelos son italianos o españoles. Hay una conjunción de razas, eso que era el Río de la Plata, con tantos inmigrantes y un montón de muchas cosas. Tenemos el temperamento del Tolo Gallego, de Pachamé y de Coco Rulli; al inglés Babington con su zurda; la estirpe goleadora de Artime, Diego, Sívori, Di Stéfano o Lionel, como parte de nuestra cultura. A Roberto Perfumo y Coco Basile, como estandartes de la defensa, al Cuti Romero que sigue los pasos de ellos. Tenemos una conjunción de cosas que hace que el fútbol argentino se nutra de todos y sea mejor. -Hablando de nombres representativos, ¿en qué lugar de la mesa de las grandes leyendas del fútbol se ubica Messi? —Yo digo que Pelé fue el primer rey del fútbol, porque lo hizo popular en el mundo. Y a la altura, en su momento, podemos poner a Di Stéfano. Los digo yo por orden de aparición en Argentina: Di Stéfano, Sívori, Maradona, Messi. No soy de generar las típicas antinomias. Para mí los cuatro se sientan en el banquete de los reyes. -¿Cómo fue pasar por la selección del 82 y coincidir con Maradona? ¿Podríamos denominarte como el “catequista” de Diego? —Sí, sí. Fue un privilegio integrar ese plantel. Compartir con Diego, con Kempes, Passarella, el Tolo Gallego, el Pato (Fillol), entre otros. Diego veía que yo leía determinados libros a la noche en la pieza, uno era la Biblia. Había ido un cura con nosotros, Diego me preguntó por qué iba a la misa que daban ahí mismo en el hotel, entonces le dije si me quería acompañar. Y fue, se entretuvo, le gustó, y entonces me dijo que no había tomado la primera comunión. Así que hablamos con el sacerdote. Tuvimos una charla entre mate, alfajorcitos y más mate, y en ese Mundial de España él terminó tomando la primera comunión. Le había contado también a mi hermano, que era sacerdote, y me dijo: “Bueno, hablale de lo que vos fuiste aprendiendo, de lo que vos viste en tu casa”. Hasta recuerdo algunas palabras que le decía: que compartir al Señor era como compartir el pan entre compañeros, compartir el bidón de agua, compartir la generosidad que tenemos en momentos que con los amigos compartimos todo. —A casi seis años de la muerte de Diego, ¿cómo transitás su ausencia? ¿Seguís las instancias del juicio? —Bueno, yo tenía sentimientos encontrados al momento de su muerte y después. Cuando estábamos juntos en la habitación, compartíamos. Él no tenía hijos todavía, entonces a mi hijo, que era recién nacido, le cambiábamos el pañal en la concentración, compartíamos eso, y me quedó que él me comentaba sobre qué hacer cuando él tuviera hijo. Era una persona amorosa en ese sentido, me contaba la casa que se iba a hacer para estar con su mujer y ver las estrellas. Después, el desarrollo que tuvo su vida..., por eso me quedaron sentimientos encontrados. Y hace poco hice la paz, digamos, en el sentido de que lo fui a visitar al cementerio en San Miguel: estuve charlando un ratito con él, es como que me reencontré con aquel niño que amaba la pelota de fútbol. —¿Eso era Diego ante todo? —Sí, un chico que amaba la pelota como Lionel. Y Lionel tal vez ama la pelota, el fútbol y la vida. —¿Qué es lo más te sorprendió verle hacer en una cancha? Algo que dijeras “no, no puede hacer eso”… —Fue una persona inspiradora, pero la anécdota más importante que yo puedo comentar fue la noche anterior a que jugábamos con Hungría, en el Mundial ‘82. Me había levantado al baño, después fue él y cuando volvió tenía que apagar la luz: en ese momento agarró una peseta, que era una moneda pesada, grande, y en patas empezó a hacer jueguitos. Hizo uno, dos, tres, cuatro, cinco y la tiró para arriba (dibuja la parábola con la mano en el aire) y la apoyó en la mesita. ¡Y era una moneda pesada! Y me dice “mañana, Patri, la rompo”, y apagó la luz. A los dos segundos estaba roncando (risas). Yo no me podía dormir y él había hecho descalzo cinco jueguitos con una moneda, la moneda iba derechita y bajaba derechita siempre. ¡Era imposible de hacer! Por supuesto que cuando no había nadie en la habitación lo intenté hacer, ¿no? Y era imposible, ¡imposible! (risas). Lionel nomás lo puede hacer. Increíble. —Hablabas del Diego amoroso y de otras situaciones difíciles. El profe Signorini (histórico preparador físico del 10) alguna vez dijo que “con Diego voy a todos lados; con Maradona, ni a la esquina”. ¿Alguno de sus entornos terminó siendo lo perjudicial en su historia? -Yo creo que la fama lo fue envolviendo en una situación que él, sin ninguna duda, no pudo resolver. Y yo creo que no tuvo en su momento los mejores entornos para hacerlo reflexionar y escuchar a gente que realmente lo adora, que lo quiere mucho. Estoy hablando de Carlos Bilardo, de Ruggeri, del Negro Enrique, gente que –como sus hijos- en los últimos tiempos no podían tener ni acceso a él. Eso lo fue apartando de una manera por la que quedó realmente solo. —Vayamos de un 10 a otro. ¿Cómo creés que será la era que inicia la selección después de Messi? —Producto de lo que da el fútbol argentino, para mí queda una generación extraordinaria. Y así como antes yo me oponía a que los jugadores se fueran muy jovencitos a jugar a Europa, ahora lo aplaudo porque científicamente están trabajando en Europa mejor que nosotros. Hablo de la parte física, la parte técnica. Entonces, en ese sentido, creo que tenemos jugadores importantes. No digo para ser campeones del mundo seguros, pero para estar siempre entre los primeros cuatro primeros por dos generaciones más, por lo menos. —La 10 siempre es muy simbólica. ¿Te pasa que decís “me gustaría ver a tal futbolista con el número 10 en particular”? —No, no. Es muy difícil de predecir, pero Scaloni y su cuerpo técnico van a resolverlo. Como buen espectador, voy a aplaudir al que le dé la camiseta 10. Sin ninguna duda, hay cuatro o cinco nombres que tranquilamente de acá a 4 años pueden ejercer ese liderazgo de ponerse la 10, que es todo un símbolo para nuestra tradición. —¿Como futbolero soñás con que un día Messi diga “6 meses vengo a jugar a Rosario”? ¿Lo imaginás en el contexto de este fútbol argentino? —No, no, no lo imagino. No lo imagino. Directamente pienso que ha hecho una carrera extraordinaria, no ha errado en las decisiones que ha tomado nunca, prácticamente. Por lo tanto, que no erre esta. Y si viene, bienvenido sea por el bien del fútbol. —Y dentro de esa situación con campeones del mundo y grandes jugadores como Di María, ¿sentís que producto de algunas cuestiones de la desorganización del fútbol, termina pagando con que algunos no lo reconozcan en toda su magnitud? —Yo creo que el presidente de Rosario Central, Messi, y toda la gente que lo quiere bien, tiene que decirle que no se entrometa en cosas que no le pertenecen, porque va a arruinar una de las etapas más brillantes de la historia del fútbol argentino. Porque ha sido un embajador de la Argentina en el mundo. Y por esas cuestiones domésticas puede sentirse dañado injustamente. —Vos jugaste en Italia en épocas en las que no era fácil por la cantidad de cupos. ¿Qué ves en Nico Paz en el Como y de qué forma puede influir en esta nueva generación de Argentina? —Nico Paz está acostumbrado a jugar en Europa y al ir a jugar a Italia, lo mismo que Mastantuono, está ganando roce. El fútbol italiano está decaído a nivel global, cuando fuimos nosotros era el número uno del mundo, y ahora lo es la Liga inglesa. Pero Italia te da roce, persecución, marcaciones hombre a hombre, siguen siendo defensas muy aguerridas; por lo tanto, a todo a lo que puedan enfrentarse ahí los chicos va a ser beneficioso para cuando se junten y jueguen al fútbol que sentimos los argentinos. -Remarcás los aprendizajes que aporta cada experiencia. ¿Qué te dejaron para la vida profesional y personal Bilardo y Menotti? —No hubiera cambiado nunca a Carlos en mi etapa formativa. Fue alguien que me firmó el boletín de calificaciones, me acompañó adentro del quirófano a la primera operación y fue la persona que cuando me desperté estaba ahí. Hice la recuperación con él, no lo hubiera cambiado nunca. Y no hubiera cambiado nunca a César en mi etapa donde yo ya estaba formado. Fue una extraordinaria bendición de Dios de haber tenido a los dos. Y yo digo siempre que la etapa formativa es hasta incluso en Primera División. Llegué con 22, 23 años a la selección argentina, y ya hacía varios años que jugaba, pero ahí también aprendí. De César, por ejemplo, a cómo recibir perfilado, a recibir de espalda, a tocar, a jugar a un toque. O sea que no es verdad que cuando vos llegás a Primera ya el entrenador no te puede enseñar nada. Hay que hacer hincapié en que se aprende siempre. —¿Qué equipos disfrutás ver? De Argentina y del exterior… —Hay muchos que veo bastante. A los que ponen jugadores de divisiones inferiores, por ejemplo: Boca, Central, Argentinos Juniors. Racing ahora está poniendo algunos jugadores de divisiones inferiores. Yo creo seriamente que uno cuando trabaja tanto desde infantiles y juveniles, se invierte tanto en entrenadores, en comida, en canchas de fútbol, en todo, considerando como son las divisiones del fútbol argentino, que si cada equipo tiene un déficit de 5 dólares quiere decir que algo no está funcionando bien. Y antes de traer un cinco de otro país o un lateral derecho de otro país, en nuestro fútbol tenemos que poner el cinco o el cuatro de la quinta y que jueguen y que se hagan, porque el fútbol argentino es de los más ricos del mundo. De afuera veo al Manchester City y al Paris Saint-Germain. No me pierdo esos partidos. Hacen del fútbol cosas que nosotros admiramos de toda la vida en Argentina. Al que no quiero ver es al Cholito Simeone porque sufro como un condenado, como si estuviera viendo a Estudiantes. —La otra vez trazaste un paralelo, en un posteo, entre el Cholo Simeone y Helenio Herrera… —Son parecidos en el gran protagonismo, con imágenes muy teatrales. Helenio Herrera fue, para mí criterio, el mejor entrenador argentino en el exterior de toda la vida. Fue extraordinario, lograba salir campeón en Italia, europeo y del mundo. Y tenía planes de entrenamiento. Después de cierta manera lo copió el Toto Lorenzo, y ahora el Cholo, ¿no? Equipos aguerridos, equipos fuertes, equipos difíciles, equipos que saben sufrir. Saber sufrir es muy importante porque va generando en los jugadores un temple que te hace disfrutar mejor los momentos buenos. Acá en Argentina por ejemplo lo saben Racing, Estudiantes. —Cuando Verón era bebé, lo cuidabas. ¿cómo lo ves, en esta coyuntura del fútbol argentino, en el rol dirigencial? —Yo era compañero del padre y por eso cuando venía a comer, sus padres por ahí me lo dejaban a mí y estaba dos o tres días a la semana. O sea que somos amigos de familia. A Sebastián lo veo muy bien, creo que al exjugador, a la amplia trayectoria que tiene, le ha agregado un crecimiento en la parte dirigencial. Yo veo que en el estadio, en las decisiones que se van tomando con divisiones inferiores, muchas cosas que hace generan que la gente de Estudiantes se sienta orgullosa de su liderazgo. —A Juan Ramón Verón lo ubicaste entre los que mejor interpretaban el juego... —Está entre esos jugadores que técnicamente eran muy buenos, pero que además veían bien, elaboraban bien y decidían bien: eso es comprender el juego. Además de él, pongo en ese grupo al Toto Gallego y Ramón Díaz, que no necesitaban entrenamientos para que pudieras entenderte con ellos. —A Ramón Díaz se lo nombra como candidato a dirigir River en 2027. Dijiste que el origen de la crisis fue haber echado a Demichelis. ¿Se apuraron por ir al ritmo de la opinión de la popular y/o de las redes? —Ha sido uno de esos errores de cuando se toman decisiones en base a la gente. Creo que ese sentimiento que tenían por el hijo pródigo que era Marcelo Gallardo, hizo que apuraran la decisión. Fue algo apresurado y River lo está pagando todavía. Ramón Díaz encarna al Ángel Labruna moderno: atorrantes, saben mucho de la vida, son pícaros, inteligentes, han jugado bien al fútbol y tienen un peso específico con la camiseta de River, son símbolos. —De momento, Ponzio está hasta fin de año. Si fuera Ramón el elegido para 2027, ¿podría darle un nuevo impulso al fútbol de River? —No lo sabría decir, porque no siempre la segunda, las terceras o las cuartas etapas son brillantes. Ponzio tiene el perfil de ser una persona seria, prolija, inteligente, del club, lo que hace tener una esperanza. —¿Los medios y/o las redes sociales también influyen en llevar los debates al extremo? -Influye como influyó lo de Menotti-Bilardo, peronistas y radicales. Es un país que ama la antinomia. Por eso insisto en que a Di María lo tienen que proteger porque es un ídolo de la historia del fútbol argentino. —Eras columnista en Estudio Fútbol y hacías análisis del juego. ¿Hoy se habla menos, se habla poco o no se habla de eso directamente? —Es muy difícil de profundizarlo. En el fútbol es muy difícil ver las causas, fácil los efectos. Fácil visión, difícil interpretación. Por eso yo le hago hincapié en el fútbol infantil ahora que me toca en esta etapa. Creo que en la etapa formativa o juvenil, la psicomotricidad es esencialmente una cuestión de elaboración, de qué piensan. —En este presente tan particular del fútbol argentino, ¿qué ves en los arbitrajes? —Estamos viviendo una etapa parecida a la de los 72, 73, 76. Una etapa donde hay mucha desconfianza en los árbitros, donde el fútbol doméstico no ayuda realmente a expresar el talento que tiene el futbolista argentino. —Si al Patricio Hernández jugador lo trasladáramos a esta época, ¿dónde jugarías? —Contrario a lo que piensan varios, creo que muchos no nos podríamos ni mover (sonríe). Hay jugadores excepcionales que trascienden todas las épocas: Di Stéfano, Enrique Omar Sívori o Passarella podrían jugar siempre. Después, muchos tendríamos problemas. Ahora hay más velocidad, se juega en otros espacios. Tuve un compañero, Antonio Alzamendi, que hubiera podido jugar en cualquier época: ahora mismo sería rápido y goleador, volaba. Así como no todos los jugadores que jugamos antes podemos jugar ahora, muchos de ahora no podrían jugar antes. —¿Antes se pensaba más? —Sí, había más tiempo. Antes el jugador recibía la pelota, observaba, decidía y pasaba. Hoy ese jugador, las cuatro palabras son las mismas, pero hoy observa, decide, recibe y pasa. O sea, la concepción mental, la rapidez mental, obliga a mayor rapidez porque los espacios son más chicos. —Por eso cuando uno a Messi lo ve caminando supuestamente desconectado, está descifrando todo lo que va a pasar... —Sí, yo lo hago en el entrenamiento con los chicos 2014 y 2015: que se alejen a un lugar. Y me dicen “¿pero para qué hago allá?”. Les digo “vos andá y pensá qué vas a hacer cuando entres en juego”. Es un modo de poder explicarles que no siempre hay que estar corriendo atrás de la pelota, sino que hay que estar pensando qué hacer cuando se recibe la pelota. Hay equipos que corren demasiado. O jugadores que gastan energía protestando con el referí, como Nacho Fernández o (Nicolás) Barros Schelotto, su sucesor. Ellos dos tienen que pensar qué van a hacer con la pelota, dónde pueden hacer más daño. Yo les diría “pónganse aislados y dejen que el 2, el 4 o alguno con cara de mono vaya a pelearse con el referí” (sonríe). Tienen tanta obsesión por que no se les escape ningún detalle y protestan mucho. Si vos discutís mucho, el proceso mental se te va de la cabeza. —Hace poco se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de Miguel Russo. ¿Cómo viviste aquel momento de su partida y qué significó también en tu vida? —Lo veía previsible porque venía muy mal Miguel. Creo que el homenaje que él recibió en cada cancha y en cada club era a su medida, como le hubiera gustado. Porque le gustaba que lo quisieran en Boca, en Central, en Estudiantes… tuvo una despedida soñada en ese aspecto. Ese día me agarró justo llegando al (predio) Tita y fue el momento más triste que viví estando adentro de una cancha. Miguel es a alguien que siento mucho, fue cercano como lo fue Tata Brown, como es Carlos (Bilardo), son parte de mi familia. -Hablás de familia, ¿qué rol ocupan hoy los clubes ante las situaciones que atraviesan en sus hogares muchos chicos? —Los clubes cumplen un rol social impresionante. El centro de captación que tiene Racing es extraordinario, por la zona. En el caso de los jugadores que han tenido y tienen carencias alimenticias, muchas veces el orden cronológico no coincide con el biológico. Entonces, Racing Club específicamente tiene que apuntar a todos esos jugadores que biológicamente todavía no tienen un gran desarrollo. Todos que los entrenadores tienen una profunda vocación docente. Y si a veces hay chicos que no tienen el desarrollo físico adecuado, hay que esperarlos porque tienen un talento impresionante. Racing tiene abajo chicos con un talento extraordinario, hay que aguantarlos y esperarlos porque son impresionantes. —¿Qué sueños te quedan en el fútbol? —Que el gran ejemplo que nos dio esta camada de nuestra selección lo podamos trasladar a todos los equipos, o a muchos equipos, del fútbol argentino. Que la selección siga un camino propio independiente de lo que pasa en nuestro fútbol. Y el sueño mío es que todos los equipos inviertan y sigan invirtiendo, pero poniendo los jugadores de divisiones inferiores en la primera división. Cuando uno habla de los grandes equipos mundiales que hemos tenido en la Argentina, siempre la base, la columna vertebral han sido jugadores de sus inferiores. Y yo sueño con un fútbol en el que cada equipo sea la escuela de ese club, la representación de ese barrio, la representación de cada ciudad. Hay que apostar a los chicos y ponerlos. —¿Qué es el fútbol en tu vida? —Fue el mayor, el mejor juguete y lo sigue siendo. A mi vida la iluminó. Así que estoy profundamente agradecido a todos los que me dejaron participar en los equipos porque yo, dentro de una cancha de fútbol, siempre que haya una pelota, estoy feliz.
Patricio Hernández . Excelso mediocampista. Talento de exportación. Gambeteador de las antinomias. Tan certero al poner


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