Almudena Álvarez Santa Cecilia del Alcor (Palencia), 2 nov (EFE).- En tiempos de inmediatez, producción en serie y consumo acelerado, dedicar horas a tejer una pieza con las manos es un acto de rebeldía. Así lo entiende Luisa Guardo Cruz, quien desde su taller de Santa Cecilia del Alcor, en Palencia, reivindica el valor de hacer las cosas despacio, con técnicas textiles recuperadas y fibras naturales de las que salen piezas únicas, para durar toda una vida. "Hacer una manufactura tan profundamente artesanal es todo un acto de rebeldía. Es un espera, párate y mira con tiempo y con distancia y valora lo que realmente importa", explica a EFE Luisa mientras maneja uno de los telares que hay en su taller 'Idem de lienzo'. Su oficio exige precisamente eso, tiempo, atención y mucha paciencia, porque hay que preparar la urdimbre, colocar cada hilo en su sitio y comprobar que la tensión sea la adecuada sabiendo que no hay máquinas que resuelvan los fallos ni atajos para recuperar el trabajo, solo la cabeza y las manos urdiendo un plan que se rebela contra un mundo de producciones en serie y modas cambiantes. "Todo eso nos está deshumanizando", advierte mientras defiende una relación más duradera con las cosas, basada en conocer los materiales con los que están hechas, en valorar su elaboración y reconocer el tiempo que requieren frente a una economía que prima la rapidez y 'low cost'. "No me gusta la moda rápida", dice esta artesana. Porque más allá de la industria textil, lo que le preocupa es que la sociedad pierda la capacidad de hacer con las manos y de comprender el trabajo que hay detrás de cada objeto. "Lo que más me importa es la calidez y la calidad y que ese objeto te acompañe por mucho tiempo", continúa. Ella se crió entre telares en un negocio familiar que hacía encargos para comercios y marcas de moda, y al que se incorporó cuando tenía 21, junto a Concha Cruz, su madre, y su tía Rosa. En 2008, la crisis económica obligó a cerrar el local de Palencia pero no acabó con un oficio que Luisa, que se especializó en conservación y restauración textil y ha investigado tejidos históricos en laboratorios y colecciones, decidió impulsar de nuevo en 2019 desde Santa Cecilia del Alcor. Hoy, 'Ídem de lienzo' es mucho más que un lugar donde fabricar prendas, es toda una filosofía de vida que empieza por las materias primas, lana merina, alpaca, cachemira, lino, algodón y seda, que tiñe con vegetales y minerales. Cáscara de nogal para los marrones, plantas como el gordolobo para los amarillos, y del índigo, los azules. "El tinte natural, bien hecho, no se va", asegura mientras explica que cada color requiere pruebas, tiempos de cocción y conocimientos sobre cómo fijar el pigmento para obtener telas que mantendrán su tonalidad durante años. Además imparte cursos, realiza demostraciones en museos y espacios culturales, restaura textiles históricos y hasta diseña y fabrica telares. Esta diversificación le permite mantener una actividad que se enfrenta a las dificultades de un mercado donde el trabajo artesanal de calidad compite con productos baratos y fabricados a gran escala. "Es un ejercicio de malabares", reflexiona. La formación permite que otras personas se acerquen al oficio, aunque sea por curiosidad o como actividad creativa, como le sucedió a María Luisa Díaz, una madrileña que tras jubilarse estudió Arte Textil en Segovia y se afana ahora en aprender cómo se maneja un viejo telar de bajo lizo que le trajo un amigo de Inglaterra. "Me atraen los hilos, los colores y las posibilidades creativas de la técnica. Me gusta investigar", explica la madrileña a EFE mientras escucha atenta las indicaciones de Luisa sobre cómo hay que peinar cada hilo. Recuperar ese viejo telar es también una forma de mantener vivo un saber cada vez menos extendido. Luisa calcula que los tejedores artesanos que trabajan en España son tan pocos que podrían contarse con los dedos de las dos manos. Escasean además los especialistas capaces de reparar o construir determinados telares. "Cuando un oficio desaparece, recuperarlo deja de ser sencillo", advierte Luisa Guardo. Al terminar la jornada, el telar inglés todavía necesita algunos ajustes. Los hilos están colocados, la tensión revisada, pero queda resolver el funcionamiento del peine. El trabajo continuará otro día. No hay prisa, aprender también consiste en volver, comprobar y corregir. En Santa Cecilia del Alcor, tejer despacio es, para Luisa Guardo, una forma de resistencia. EFE aaf/mr/ros (Foto) (Vídeo)
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