Las ciudades enfrentan un calor cada vez más intenso , una presión que combina el aumento sostenido de la temperatura global con una forma de urbanización que reemplaza árboles, suelo y agua por asfalto, hormigón y techos. Esas superficies absorben y retienen la energía solar durante el día, y liberan parte de ese calor cuando cae la noche, lo que dificulta el descanso y prolonga la exposición de la población. Las olas de calor , que ya tienen consecuencias sobre la salud, la vivienda, la energía y los servicios públicos, se vuelven más frecuentes y duraderas en un clima que se calienta . Fenómenos naturales como El Niño , que modifica los vientos y las temperaturas en el océano Pacífico, pueden agravar esas condiciones durante determinados períodos, aunque actúan sobre una tendencia de calentamiento de largo plazo. En ese contexto, un estudio publicado en la revista Environmental Technology & Innovation plantea que las ciudades necesitan planes de gestión del calor que articulen prevención, preparación, mitigación y adaptación . El trabajo propone dejar atrás las respuestas aisladas y coordinar medidas que reduzcan la exposición de la población, adapten el entorno construido y sostengan los servicios esenciales durante los episodios de temperaturas extremas. La preparación urbana no consiste solamente en aconsejar que se tome agua o se cierren persianas. Esas recomendaciones pueden ser útiles, pero resultan insuficientes para quienes no tienen una vivienda bien aislada, no pueden afrontar el costo del aire acondicionado o carecen de redes de apoyo cercanas. Por eso, el calor extremo es también un problema de desigualdad social . Sídney busca coordinar la respuesta ante el calor entre salud, urbanismo y emergencias La región metropolitana de Sídney, donde el oeste de la ciudad registra temperaturas particularmente altas, puso en marcha una experiencia centrada en la coordinación institucional . El Grupo de Trabajo sobre el Calor del Gran Sídney fue creado en 2023 por la Organización Regional de Consejos del Oeste de Sídney y Resilient Sydney con el objetivo de preparar a una población de casi 5,6 millones de habitantes ante el aumento de las temperaturas . Durante 18 meses, el grupo reunió a 373 representantes de más de 40 organizaciones vinculadas con el gobierno, la salud y los servicios de emergencia. Ese proceso derivó en el Plan de Ciudad Inteligente para la Gestión del Calor del Gran Sídney , presentado en diciembre de 2024 y actualmente en implementación. El programa reúne 40 recomendaciones para el período 2025-2030 . Sus ejes incluyen campañas de información sobre riesgos, medidas para proteger a las comunidades más expuestas, mejoras en la vivienda y el diseño de barrios que acumulen menos calor. También prevé reforzar la coordinación de los servicios durante las emergencias. La lógica del plan responde a una dificultad habitual. Las áreas de salud suelen atender enfermedades vinculadas con las altas temperaturas , mientras los municipios deciden sobre calles, plazas y edificios, y las oficinas de planificación regulan el crecimiento urbano. Sin una estructura común, esas tareas quedan fragmentadas. La investigación sobre Sídney señala que el plan permitió precisar responsabilidades, identificar vacíos de gestión y fortalecer la relación entre organismos con funciones distintas . El estudio advierte, sin embargo, que un esquema colaborativo no garantiza por sí mismo su aplicación . La continuidad depende de financiamiento sostenido, responsabilidades claras y respaldo institucional . El gobierno de Nueva Gales del Sur evalúa incorporar zonas verdes urbanas, mayor sombra y diseños edilicios adaptados al calor en su política estatal de planificación ambiental. En paralelo, existen medidas de alcance más directo . El programa TeleRedi de la Cruz Roja Australiana organiza llamadas de voluntarios a personas vulnerables durante condiciones meteorológicas peligrosas en Australia Meridional y Australia Occidental. El mecanismo busca mantener un contacto regular con quienes podrían necesitar apoyo adicional. En Blacktown , bibliotecas y otros espacios públicos climatizados funcionan como lugares de resguardo durante los días de temperaturas elevadas. Estas respuestas no requieren transformaciones complejas, pero dependen de que las ciudades sostengan horarios, accesibilidad, personal y coordinación con los servicios de salud y emergencia. Cómo combaten otras ciudades las olas de calor La preparación frente al calor también alcanza a la construcción de viviendas y al rediseño de las calles. En Makassar, Indonesia, investigadores de la Escuela de Sostenibilidad Doerr de la Universidad de Stanford probarán techos pintados de blanco y altamente reflectantes en un asentamiento informal . La iniciativa busca disminuir la temperatura interior de las casas hasta en 2,8 ℃. “Esos pocos grados pueden marcar una gran diferencia” , afirmó Rishee Jain, profesora asociada de ingeniería civil y ambiental de Stanford y responsable del proyecto en Makassar. En esa ciudad, muchas viviendas tienen techos de chapa y carecen de aire acondicionado, por lo que la temperatura interior puede permanecer elevada durante horas. El equipo prevé entregar sensores portátiles a unos 30 voluntarios para registrar frecuencia cardíaca, sueño, actividad física y otros indicadores. Luego comparará los datos de viviendas con techos pintados y sin pintar. La meta es obtener información sobre los efectos de esta intervención en la salud y extender el modelo a 100 hogares . Las soluciones edilicias también pueden aprovechar la ventilación natural. Catherine Gorlé, profesora asociada de ingeniería civil y ambiental de Stanford , estudia cómo circulan el viento y el calor entre manzanas urbanas y dentro de los edificios. La estrategia consiste en permitir el ingreso de aire fresco durante la noche y limitar la entrada de aire caliente en las horas diurnas. “En los edificios, conviene abrir y cerrar las ventanas en los momentos más oportunos para mantener las estructuras frescas” , afirmó Gorlé. Cuando los muros, los pisos y los techos se enfrían por la noche, pueden conservar temperaturas interiores más bajas durante el día siguiente. De acuerdo con la investigadora, esa práctica podría reducir entre 10% y 30% el consumo destinado al aire acondicionado , según las condiciones. Las intervenciones a escala urbana incluyen espacios verdes y azules , es decir, parques, árboles, fuentes, estanques y otros elementos que aportan vegetación o agua. En Medellín , la creación de corredores verdes incluyó desde 2016 la plantación de cerca de 900.000 árboles y 2,5 millones de plantas en calles, muros y techos. La ciudad informó una reducción promedio de 2 ℃ después de tres años , aunque los efectos de largo plazo siguen bajo estudio. El estudio publicado en Environmental Technology & Innovation sostiene que cada ciudad necesita adaptar sus decisiones al clima , la disponibilidad de agua, la densidad edilicia, la estructura social y los recursos disponibles. El trabajo concluye que las medidas contra el calor deben combinar alertas tempranas, refugios climatizados, infraestructura verde y azul, materiales que reduzcan la absorción solar, planificación urbana y coordinación entre las instituciones responsables.
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