En memoria de Cuauhtémoc Cárdenas, con agradecimiento y reconocimiento. La voluntad democrática del gobierno, Morena y sus fracciones parlamentarias está a prueba. Esas instancias tantas veces intentaron imponer una reforma electoral a gusto, tanto asediaron al Instituto Nacional Electoral y, al final, tanto concentraron el poder en quien ahí respondía a ellos que, ahora, resulta en vano el esfuerzo por eludir o diluir su responsabilidad en la crisis que, como nunca, resta credibilidad y confianza al árbitro electoral. La presidenta Claudia Sheinbaum descarta esa crisis, la dirigente Ariadna Montiel deslinda a Morena de lo sucedido y el coordinador parlamentario de los diputados, Ricardo Monreal, hace malabares para reemplazar sin grandes sobresaltos a la indeleble Guadalupe Taddei… y, sin embargo, no logran disipar lo evidente: gobierno, partido y grupo parlamentario fueron determinantes en el debilitamiento del Instituto y la compleja circunstancia que ese órgano afronta en pleno proceso electoral. Situación en la que, con su contumacia, la oposición partidista y la resistencia civil pusieron su grano de discordia. Ahora, del destino de Guadalupe Taddei, los funcionarios implicados y el contratista favorito, así como de la forma en que se procese y resuelva la sucesión en el Instituto, depende no sólo el prestigio del árbitro electoral, sino también la legitimidad y autenticidad de las elecciones del próximo año. Si el oficialismo repite, adrede o sin querer, la cadena de engaños y errores cometidos en la anterior designación dejará en claro que lo suyo no es la democracia, sino el poder excluyente. ... Pese al afán oficialista de reducir la crisis a un mero problema administrativo que, en la lógica presidencial, quizá data de tiempos preguadalupanos —en el sentido taddeísta del término—, lo ocurrido en el INE rebasa por mucho ese ámbito. Lo ocurrido en el instituto electoral resalta algo ya visto. Cuando se insta a alguien sin convicciones, pero con ambiciones, inclinar u orientar en cierto sentido a una institución, política, proceso o personaje, ese alguien se siente en condición de cobrar recompensas o recibir canonjías, aun sin cumplir ni concluir el encargo. En política, frecuentemente la pusilanimidad y la impunidad van de la mano. Cosa de preguntar a Adán Augusto López, él sabe de eso. Desde esa perspectiva, aun antes de avalar la sobrerrepresentación parlamentaria de Morena en la Cámara de Diputados; de acercar el INE al gobierno; de frenar a los consejeros electorales con criterio propio; de componer a capricho la Junta General Ejecutiva del instituto; de no ver actos anticipados de campaña; de animar la idea de considerar el cómputo de las boletas planchadas; de relajar el mecanismo para asegurar la observación electoral no sesgada; y de aceptar la vacilada de ser el corre-ve-y-pídele al Gabinete de Seguridad verificar la integridad de las candidaturas, quizá Guadalupe Taddei se sintió en condición de ir por adelantado en busca de recompensa. Probablemente. Los servicios prestados por quienes se apuntan en la pretendida cuarta transformación sin declararse oportunistas, advenedizos o plomeros con experiencia tienen costo. En política, los favores no son gratuitos. No cabe decir que apenas si conocían a la expresidenta del INE. ... Ahora, a contra pared, o sea, ya en curso el proceso electoral, es menester nombrar a una nueva presidenta del instituto electoral. Esa tarea supone varios pasos y, al darlos, el grupo parlamentario de Morena con sus aliados en la Cámara de Diputados revelará por dónde quiere transitar y, en ello, exhibirá o no su voluntad democrática. Los términos de la convocatoria para ocupar esa posición, pero sobre todo la calidad, especialidad e imparcialidad del Comité Técnico de Evaluación que, tras analizar a las aspirantes, determinará la quinteta finalista de candidatas, anunciará si el oficialismo quiere caminar por la avenida de la democracia o el sendero de la imposición. Asimismo, esos pasos harán manifiesto si la oposición, aparte de gritos y quejidos, tiene algo más. Luego, vendrá el paso clave. Sí, en esta ocasión, habrá un verdadero esfuerzo por parte del oficialismo y la oposición de construir un acuerdo para votar por consenso o, al menos, por la mayoría requerida a quien ocupará la presidencia del Instituto Nacional Electoral. De no ser así, de nuevo se dejará a la suerte —como quien dice, a la tómbola— resolver la incapacidad de las fracciones parlamentarias para hacer política con altura de miras. Ahí se verá si hay o no voluntad democrática y destreza política por parte del oficialismo y la oposición, acreditada en hechos con beneficio para el electorado. ... Una señal democrática importante que se podría mandar, aun si no tuviera aplicación en este proceso electoral, sería echar atrás la reforma de la ley electoral que concedió superpoderes a la presidencia del INE y acabó con la colegialidad y corresponsabilidad del Consejo en la toma de decisiones. Con acierto, la presidenta interina del órgano electoral, Blanca Cruz, ya se comprometió a practicar esa política, pero nada mal estaría que el Congreso de la Unión enviara esa señal legislativa. Anular esa reforma hecha a trasmano que, sobra decirlo, dañó al instituto y sólo enorgullece por cinismo o ignorancia al promotor de ella, el senador Pável Jarero. La posibilidad ahí está. ... El oficialismo encara una crisis, no un problema. En la solución dejará ver si aprende de sus errores, si es congruente en no practicar aquello de lo que se quejaba y si, en verdad, hay voluntad democrática en su proceder. No hacerlo sería restarle autoridad al árbitro electoral, así como legitimidad y autenticidad a las elecciones de junio.
En memoria de Cuauhtémoc Cárdenas, con agradecimiento y reconocimiento. La voluntad democrática del gobierno, Morena y s




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