Hace unos días la prensa global se preocupaba por las elecciones que consagraban partidos de derecha. Esta semana, unos vándalos presentados como “manifestantes” destrozaron las emblemáticas calles de París y Milán. Y acomodaron el adjetivo “ultra” en los extremos del espectro político. El nuevo terrorismo urbano se alienta desde las izquierdas y se repudia desde las derechas. Reclamar la actuación de las fuerzas de seguridad es asunto de ultraderechas. Desconocer la ley y atentar con el orden público finalmente habilitan a que se tipifique a sus partidarios como de ultraizquierda. La incapacidad de una respuesta efectiva al problema confirma la irrelevancia de las instituciones que orientaron lo que se llamaba democracia en Occidente Cada año la Unión Europea recibe más de cinco millones de migrantes. España y Alemania superan el millón anual desde 2022, según las cifras de Eurostat . El doble que Francia o Italia, hoy estalladas. Muchos de los que se ven en las calles son primera o segunda generación nacional, con plenos derechos comunitarios y mejores condiciones de estudio, transporte, salud que la parte del mundo que representan sus banderas. La incapacidad de una respuesta efectiva al problema confirma la irrelevancia de las instituciones que orientaron lo que se llamaba democracia en Occidente. Ni las cien mil publicaciones sobre migraciones , según la base de revistas científicas Scopus, ofrecen soluciones. Más de diez mil publicaciones dedicadas a identificar xenofobia y discurso de odio solo confirmaron minorías intensas con discursos marginales. Pero poco anticiparon el odio que han mostrado en las calles por las que se estudiaron como víctimas en las redes sociales. En la cuna de la democracia, del Estado de bienestar y de los derechos humanos solo un tercio expresa confianza en sus instituciones La irrelevancia de la ciencia no es mayor que la de las otras instituciones que se llamaban del Estado, con mayúscula. La irrelevancia de la educación para contener esos jóvenes en las aulas. La de la policía para contrarrestar la furia en París o Milán. La irrelevancia de los ejércitos para detener la invasión de Karkiv, o de Ceuta. Por algo Europa encarna el escepticismo social . En la cuna de la democracia, del Estado de bienestar y de los derechos humanos solo un tercio expresa confianza en sus instituciones. Según el Eurobarómetro , el 58% de los europeos expresa pesimismo, frente al 38% que se declara optimista, y la incertidumbre (44%) le gana a la esperanza (43%). Mientras los europeos confían más en sus instituciones que en el futuro, los latinoamericanos confían más en su futuro que en sus instituciones. Según Latinobarómetro , el 78% de los latinoamericanos está satisfecho con su vida; aunque solo un tercio piense que su gobierno va en la dirección correcta, el 82% piensa que su vida sí lo va. En esa brecha se explica que la mitad de los latinoamericanos aceptaría soluciones autoritarias . En cambio, el Eurobarómetro confirma que el 66% de los europeos considera que los derechos fundamentales, la democracia y el Estado de derecho están protegidos en su país. Aunque al nombrar sus valores personales, ni siquiera alcanzan mayoría esos que suponíamos universales como la paz (49%), los derechos humanos (32%), la democracia (31%), el respeto por la vida humana (30%), la libertad individual (25%). Solo al 17% le preocupa el Estado de derecho. Mientras en América Latina la democracia es un sueño incumplido, en Europa se daba por sentada, como la electricidad o el agua. Pero hasta estos servicios se empiezan a ver amenazados por sabotajes. Del ciclo que comenzó en ese mismo país en 1789 tambalea, también, la polarización original de izquierda y derecha. Si Versalles acogía a revolucionarios y a monárquicos, hoy no alcanza para distinguir ideas progresistas, que malamente pueden asociarse a banderas palestinas y capuchas negras. Si la propuesta es revolucionar el orden existente, cabe preguntar hacia dónde quieren llevar las políticas de un país con uno los presupuestos sociales más generosos de Europa como Francia. Con un presidente como Emmanuel Macron , que paradójicamente hizo campaña en 2016 con un libro titulado Révolution .
Hace unos días la prensa global se preocupaba por las elecciones que consagraban partidos de derecha. Esta semana, unos




Yorumlar