¿Qué tienen en común Camille Claudel, Margaret Keane, Lee Krasner, Dora Maar, Gerda Taro, Jo Nivison y Clara Schumann ? Fueron artistas innovadoras, que rompieron los moldes de su época, pero quedaron relegadas, a la sombra, de sus parejas: Auguste Rodin, Walter Keane, Jackson Pollock, Pablo Picasso, Robert Capa, Edward Hopper y Robert Schumann , respectivamente. A esa lista se puede (y debe) sumar a la pintora alemana Gabriele Münter , integrante fundadora de Der Blaue Reiter , quien después de una trayectoria marcada por su independencia creativa, en la que pasó de la fotografía a la pintura, quedó escondida detrás del mote de “amante de Wassily Kandinsky ”, con quien tuvo relación de 12 años. Münter nació en Berlín en 1877, fue la menor de cinco hijos de una familia protestante acomodada y recibió el respaldo de sus padres para dedicarse al arte, pese a que las mujeres apenas encontraban reconocimiento social para hacerlo. Había que ser valiente, en ese sentido, porque el futuro se ataba a un posible ostracismo. “Ya de niña practicaba con el lápiz y, especialmente, siempre dibujaba rostros”, recordó la artista. “No intentaba representar acontecimientos y acciones. En una persona me fascinaba solo la permanencia de la apariencia: la forma en que se expresaba la esencia”. Cuando su padre murió, tenía nueve años y su madre, antes de que cumpliera 20. Y ya a esa edad estudiaba en el taller de Ernst Bosch en Düsseldorf y luego asistió a la Escuela de Mujeres de esa ciudad. En 1898, tras recibir una herencia junto con una de sus hermanas, viajó a Estados Unidos, donde sus padres habían residido antes de que nacieran sus hijos. Las hermanas recorrieron el país durante dos años y pasaron períodos prolongados en Missouri, Texas y Arkansas. Durante aquel viaje, Münter obtuvo una cámara Kodak con la que registró escenas callejeras, retratos informales, paisajes y naturalezas muertas. La artista no consideraba aquellas fotografías como arte, aunque el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y el Museo Solomon R. Guggenheim destacaron su importancia para comprender su inventiva anterior al encuentro con Kandinsky, su facilidad para pasar de un medio a otro y su voluntad de experimentar. Marta Ruiz del Árbol , curadora de una exposición del Thyssen , señaló que la experiencia con aquella cámara portátil, entre 1898 y 1900, fue decisiva para su desarrollo como artista profesional: “Estas fotos me han ayudado a comprender muchas de sus principales características artísticas, pero también la importancia de sus orígenes como hija de inmigrantes alemanes que habían regresado a Alemania durante la Guerra Civil estadounidense, o su posición como mujer que buscaba independencia”. En 1902, ingresó en una asociación y academia artística progresista fundada un año antes por Kandinsky , Rolf Niczky , Waldemar Hecker y Wilhelm Hüsgen , en Munich, donde se admitían alumnas, algo poco frecuente, tomando clases de escultura con Hüsgen y pintura con Kandinsky. Entonces, ya tenía 25 años y Kandinsky, recién llegado desde Rusia, 36, y seguía casado con Anna Chimiakina . Entonces, el director de la escuela le dijo: “No se le puede enseñar nada. Lo tiene todo de nacimiento. Lo único que puedo hacer por usted es preservar y cuidar su don para que no se le adhiera nada equivocado”. La relación entre ambos se volvió sentimental en 1903 y también alimentó un intercambio artístico. En diferentes fotografías se los obeserva a ella pintando al aire libre y a él trabajando en el jardín que compartían. Kandinsky mantuvo, sin embargo, sus vínculos con Chimiakina, a quien conocía desde la infancia y quien a veces viajaba desde Rusia para reunirse con él en Alemania. La situación dejó a Münter aislada y sus hermanas le aconsejaron terminar aquella relación. Los viajes ofrecieron a la pareja un espacio de libertad y trabajo compartido: recorrieron Italia, los Países Bajos, Francia y Túnez, mientras obras como Callejón de Túnez , de 1905, mostraban el interés de Münter por la luz, el color y los lugares que visitaba. Münter hablaba alemán e inglés desde temprano y posteriormente aprendió al menos francés, danés y sueco; también vivió durante períodos de su vida en Francia, Escandinavia y Túnez. Regresó a Múnich en 1908 y, junto con Kandinsky, visitó Murnau, en las estribaciones de los Alpes bávaros. Allí compró una casa con la herencia de sus padres en 1909, vivienda conocida hoy como la Casa Münter y convertida en punto de encuentro de artistas. Kandinsky dirigía entonces la Nueva Asociación de Artistas de Múnich, antecedente de Der Blaue Reiter , y ambos decoraron la casa con motivos folclóricos pintados sobre las paredes, y el artista ruso se divorció de su primera esposa en 1910. Münter conservó un lenguaje figurativo y gráfico propio mientras Kandinsky avanzaba hacia otros intereses formales. “Nunca prescindiré por completo de la naturaleza. A fin de cuentas, no se puede competir con Dios”, afirmó al final de su vida. En 1906, cuando la pareja llegó a París, Münter decidió alquilar una vivienda en las afueras de la ciudad y permanecer allí después de que Kandinsky se mostrara inquieto por el predominio del impresionismo. Estudió con Théophile Steinlen , pintor y grabador del Art Nouveau, y aprendió a trabajar el linóleo, un medio acorde con su capacidad para reducir el mundo a formas definidas. Kandinsky y Franz Marc fundaron oficialmente Der Blaue Reiter en Múnich en 1911. El grupo reunió, entre otros, a Münter, Maria Marc, August Macke, Alexej von Jawlensky y Marianne von Werefkin, y ella colaboró en la organización de sus exposiciones de 1911 y 1912. La posición de la pintora era compleja: no estaba casada con Kandinsky y desarrollaba su carrera junto a un artista de mayor fama. En Navegando , de 1910, representó a Kandinsky erguido en un bote de remos, conducido por una mujer que aparece de espaldas y podría ser la propia Münter. El estallido de la Primera Guerra Mundial precipitó el final de la relación. Kandinsky tuvo que abandonar Alemania en 1914 y huyó a Suiza; Münter lo siguió, pero él continuó solo hacia Moscú. Se reencontraron brevemente en Estocolmo en 1916, antes de que Kandinsky regresara a Rusia en marzo de aquel año, en el que fue su último encuentro. En Estocolmo, Münter pintó en 1917 Futuro (Mujer en Estocolmo) , un retrato de una mujer que mira de frente desde el lienzo. Años después supo que Kandinsky se había casado ese mismo año con Nina Andreevskaya , 27 años menor que él. Al concluir la guerra, Kandinsky reclamó mediante un abogado sus pertenencias y obras de arte que permanecían en la casa de Murnau. Las versiones difieren acerca de si le ofreció algunas pinturas como compensación o si ella las conservó por decisión propia. La producción de Münter se redujo durante un tiempo, pero no terminó. De 1929 data Dama en un sillón, escribiendo , y en 1934 realizó retratos de niños dormidos, además de escenas de mujeres que leen, escuchan o descansan y paisajes de colores intensos que incorporaban construcciones contemporáneas e industrialización. Münter conoció al historiador del arte Johannes Eichner en 1927 y vivió con él en la casa de Murnau durante los años de la guerra. Allí escondió en el sótano pinturas de Kandinsky, pese al riesgo personal y a los registros realizados en la vivienda, que no detectaron las obras. A los 80 años, donó aquellas pinturas a la Galería Municipal de Múnich. Murió en Murnau a los 85 años, en 1962, después de haber convertido su casa en un refugio para artistas y en el lugar desde el que preservó una parte decisiva de la producción de Kandinsky.
Fueron artistas innovadoras, que rompieron los moldes de su época, pero quedaron relegadas, a la sombra, de sus parejas:





评论