A sus jóvenes 60 años, Hoby De Fino vive rodeado de las cosas que eligió conservar, como si su departamento del piso 13 del barrio de Recoleta fuera una cápsula suspendida sobre la Buenos Aires digital contemporánea. Allí, en ese living analógico, convertido en un museo vivo del rock nacional, el tiempo no se detiene porque siempre se está a la espera de que suene un disco inédito, discontinuado o algo de los que todos tenemos en nuestras casas. Sobre una de las paredes descansa un mueble que hace de vitrina para sus más de 1500 CD, que conviven junto con fotografías, libros, adornos y pequeños tesoros de una vida atravesada por la música. Un sector de estantes, dos para ser más precisos, es exclusivo de Charly García; son más de 300 registros que construyen una colección íntima , casi arqueológica. Hay cajitas gastadas, ediciones de promoción imposibles de conseguir, grabaciones desconocidas y objetos que alguna vez estuvieron en una disquería y hoy forman parte de la propia historia. Su joya más preciada, un pin del show presentación de Peperina que Serú Girán hizo en Obras en septiembre de 1981. Sin embargo, sobre el reproductor de música, no descansa ninguna gema del rock nacional, sino Lux , el último álbum de Rosalía: “Es una artista tremenda”, comenta. Hoby (se pronuncia Oby) recibe a LA NACION con té, en lugar del más habitual café. Y eso marca su estilo de vida, que no es exprés ni de paso. Es un momento, una preparación, un tiempo de espera para ser bebido y disfrutado, como una buena charla. Con su estética de bohemio chic, consecuencia de su gusto natural por la moda, y una identidad que él mismo ubica siempre del lado del rock, De Fino defiende ese mundo que comenzó a vivir a los 13 años, pero sin convertirse en un hombre atrapado en el pasado. “Sigo comprando CD y los prefiero por sobre los vinilos, que casi no tengo” describe. “Sigo yendo a las pocas disquerías que quedan. Voy mucho a Zivals, que no la saquen por favor, que encima arriba tiene el mural del más grande. ¿Quedó hermoso, no?”. Pero también escucha artistas nuevos. “Me gustan Paco Amoroso, Wos, Ca7riel, Feli Colina y Bárbara Recanati. ¡Marilina Bertoldi me encanta!”. Alejandro Andrés De Fino, tal cual aparece su nombre en el DNI, es un hombre de radio . Durante muchos años fue anfitrión de las madrugadas de la Rock & Pop con su recordado Que se vayan (todos ) y ahora, después de una década sin programa propio, vuelve con Oído absoluto a Radio Con Vos, los domingos, de 17 a 19; un espacio dedicado exclusivamente a Charly García, gracias a esa idolatría que, con el tiempo, se fue convirtiendo en amistad. “La idea surgió con el productor Diego Fainstein, después de coincidir en Nueva York durante la realización del mural que se hizo de Charly en la esquina donde se tomó la foto para la portada del disco Clics modernos. Primero pensamos en llamarlo Parte de la religión , pero el nombre resultaba demasiado evidente. Oído absoluto es más preciso, ya que es una referencia directa a su persona”, explica. El programa no pretende ser una biografía radial ni una sucesión de canciones conocidas. De Fino quiere que vayan músicos que tocaron con Charly; técnicos, iluminadores, especialistas, coleccionistas y fanáticos. Quiere, sobre todo, que los oyentes llamen, pidan una canción y expliquen por qué la eligen. Algo a la vieja usanza. “Me gusta difundir la buena música, presentar un tema con todo su contexto, convencer, evangelizar”, agrega. La frase contiene su manera de transmitir el sentimiento: “No se trata solamente de escuchar música, sino de transmitir entusiasmo, compartir los mismos valores”. El nombre del programa viene de un disparador personal. Una escena ocurrida en un boliche de la costa argentina. García estaba tocando con su banda, de espaldas a Hoby, que merodeaba el escenario como tantas otras veces. Había un bajo, una batería, una guitarra y otros teclados sonando. De Fino, probando sus propios límites y con el objetivo de decir alguna vez “toqué con Charly”, se acercó y tocó una tecla de uno de los teclados de García. En medio de todo aquel ruido, Charly se dio vuelta y le retiró la mano. “Estaba en medio de un tema, con mucho barullo de por medio, yo toqué sólo una tecla. ¡Y se dio cuenta! ¿Entendés? Eso es oído absoluto. Estaba atento a todo, no se le escapaba nada. Eso es ser un genio. Cualquiera que lo vea de afuera, creería que era todo un descontrol, y no, todo lo contrario”. Hoby nació en la Ciudad de Buenos Aires y se crio en el barrio de Coghlan, en el seno de una familia de origen italiano. En su casa convivían Raffaella Carrà y Domenico Modugno con los Beatles y los Rolling Stones. Antes que la música, sin embargo, entre sus pasiones estuvo Boca Juniors. Sus primeros ídolos fueron Hugo Gatti y Alberto Tarantini. La decepción llegó cuando vio al “Conejo” en la tapa de El Gráfico con la camiseta de River. Al tiempo se lo cruzó y el futbolista le explicó que no había pasado directamente de Boca a River, sino que había ido antes a Francia y que no estaba tan ligado a la institución de la Ribera. Pero su cabeza ya había cambiado el chip de la pelota por el del tocadiscos. Paralelamente a esta transición, a los 12 años apareció otra revelación. En 1978 vio el single “Miss You”, de los Rolling Stones. Más que la canción, le impactó aquella lengua roja que parecía ocuparlo todo. “¿Qué es esto?”, recuerda haber pensado antes de escuchar la versión. A sí, el rock entró por una imagen y terminó convirtiéndose en una forma de mirar el mundo, de enfrentarlo, abrazarlo y hasta de padecerlo. Poco después, en la escuela secundaria, un compañero cantó “Hubo un tiempo que fue hermoso…” y apareció Sui Generis. Después llegaron Serú Girán, La Máquina de Hacer Pájaros , las revistas Pelo y Rock SuperStar , las disquerías de la Avenida Cabildo y una progresiva identificación con una escena que crecía a pasos agigantados. El primer disco de Charly que compró fue Bicicleta . Su relación con Serú Girán había empezado con la fascinación propia de un adolescente que descubre una música que siente hecha para él. En septiembre de 1979 llegó hasta la puerta de un recital de Spinetta Jade y Serú Girán, pero no pudo entrar. Como no tenía dinero, lo escuchó desde afuera. Un año después, el 30 de diciembre de 1980, tuvo su gran bautismo: Serú Girán en La Rural. Tenía 14 años y aquella multitud lo dejó definitivamente del otro lado. Después vendría Peperina , el disco que, según cuenta, esperó como quien espera su propio cumpleaños o una Navidad, contando los días. Calles de rock Además de su pasión por el rock y las nuevas tendencias musicales, la cuestión cartográfica lo legitimó. Hacia finales de los 70 y principios de los 80, Coghlan, su barrio de siempre, y sus cercanías (Núñez, Villa Urquiza), eran también la meca del rock. Cerca de su casa vivían Lito Nebbia, Richard Coleman, Pil Trafa, Gustavo Cerati y, además, otro de los próceres nacionales, Luis Alberto Spinetta. De Fino no tocaba ningún instrumento ni tenía interés en aprender. Lo suyo era otra cosa: comunicar, transmitir, pasar música. La cercanía con los músicos terminó siendo parte de su educación sentimental. Los escuchaba, los aprehendía, pero también se los cruzaba en las esquinas. Con El Flaco Spinetta guarda algunas anécdotas íntimas. “Una vez, con 18 años, estaba sentado en la calle Quesada esperando a un amigo. El Flaco apareció en su viejo Mercedes Benz, se detuvo y bajó a saludarme. Esas secuencias no me las olvido más; las recuerdo y se me eriza la piel. Luis Alberto era un amor de persona”, resume. Cada tanto, fiel a su .esencia de ir siempre a por todo, De Fino le hacía la pregunta del millón al mismísimo Spinetta: “¿Quién es mejor? ¿Charly o vos?“. La respuesta era siempre la misma: “Charly”. Con el correr de los años, la relación con García alcanzó otra dimensión. Su primo hermano es nada menos que Fabián “el Zorrito” Quintiero. Contemporáneos –se llevan solamente tres meses– iban juntos al colegio, y pese a que podría creerse que fue el guitarrista quien lo acercó al autor de Filosofía barata y zapatos de goma , fue Hoby quien insistía en ir a verlo a los recitales y entrar en ese efervescente universo. De Fino llegó a la radio por el camino menos académico posible, ganando oficio por intuición. Su primer empleo fue en Video Show , en Canal 11. Después, Juan Alberto Mateyko lo llevó a Radio El Mundo. Más tarde llegaron Juan Alberto Badía, Radio Alfa, Nacional Rock, Supernova y Rock & Pop. En esta última permaneció seis años, en la madrugada, cuando las cuatro líneas telefónicas no paraban de sonar, los oyentes lo habían adoptado de compañero nocturno de trabajos y los discos le llegaban en cantidades casi industriales para ser pasados por su exquisita bandeja. Estaba en su salsa. Hoy en día, Hoby no se define como un coleccionista empedernido. “Regalé muchos objetos, otros sinceramente no sé dónde quedaron, pero siento que tengo lo clave. Lo que cualquier coleccionista desearía tener de Charly, porque tengo mucho material inédito musical, casi desconocido ” afirma. Al preguntarle sobre qué representa Charly en su vida, es contundente: “ Charly es más que música, es una forma de pensar, un modo de vivir, una historia, un camino recorrido . No tiene edad porque tampoco tiene una sola versión. Está el Charly de Sui Generis, el de La Máquina…, el de Serú, el que se corta el pelo para Clics modernos , el de Tango y el de Say No More , entre muchos otros. Son distintos personajes de una misma obra ”. “Sin dudarlo, Charly ocupa la cima”, sentencia al hablar de ese ranking imaginario de ídolos del rock argentino de todos los tiempos. “Después vienen Spinetta, Fito Páez, Andrés Calamaro, el Indio Solari con Los Redondos, León Gieco y Lito Nebbia. Virus es una gran banda y te diría que de las más importantes del cancionero nacional, por eso la nombro por fuera de ese listado”. De las actuales, resalta a Babasónicos y subraya al Cerati solista por sobre Soda Stereo. A Chano Charpentier lo mete en el mundo pop, dejándolo al margen de su discusión entre filosófica y antropológica. “La opinión sobre Charly es unánime. No encuentro quien no reconozca que es uno de los argentinos más grandes de la historia. No hay distancia crítica. Lo escucho como quien vuelve a su hogar. Las canciones de Charly te dan esa seguridad de que todo está en orden”, reflexiona, con emoción. “Puede haber un disco que te guste menos, una canción que se aparte de su esencia, pero la obra completa integra una identidad absoluta. Como la carrera de Diego Maradona, o ahora la de Messi. Charly es como un nuevo Gardel. Marcó una época y quedará para siempre. Canciones como ‘Inconsciente colectivo’, ‘Canción para mi muerte’ o ‘Seminare’ sobrevivirán a quienes hoy las escuchamos”. La charla transcurre en varias capas que se alternan. La principal, Charly García. Las secundarias, sus días de radio, su gusto por la moda y su pasión por el rock nacional. “Se están yendo los grandes. La muerte de Pappo, por inesperada y antes de tiempo, fue la que más me conmocionó. Lloré mucho también a Luis Alberto [Spinetta], a Palo Pandolfo, Willy Crook, Pil Trafa y a Adrián Otero. Gustavo Cerati fue una inmensa pérdida. Más atrás en el tiempo, Miguel Abuelo, Federico Moura y Luca Prodan. A veces, miro al cielo y hablo con ellos. O les digo algo. A Pappo sobre todo”. En ese territorio íntimo, la rockola imaginaria de Hoby funciona como una máquina del tiempo. “Un tema de Charly puede devolverme a mis 14 años. ‘Desarma y sangra’ me lleva a otra época. ‘No llores por mí, Argentina’, a una primera fila de Obras. Los Stones me devuelven a mi casa familiar de la calle Donado; Prince me hace bailar. La música no solo acompaña mis recuerdos, sino que los activa”. Fiel a su profesión de conductor radial, Hoby genera confianza de inmediato. No aparenta, es. Un hombre con experiencias de enciclopedia, con una cultura musical superior, pero un niño cuando recuerda algún objeto de su tesoro personal y lo muestra con orgullo, como los tickets de las entradas de recitales emblemáticos en Obras, Cemento o de algunos de menor escala que ni los mismos protagonistas recuerdan. “Ya casi no voy a los recitales. Prefiero sentarme a escuchar un disco que ir a verlo en vivo”. Por fuera de la música, el refugio lo encuentra en su trabajo codo a codo con Ludovica Squirru como su productor, en los amigos y en sus hermanos y sobrinos. “La felicidad –dice- está en encontrarse a charlar con la gente que uno quiere. También en la poesía, una pasión que cultivo con amigos poetas y en encuentros de lectura. La poesía me parece, desde hace años, un acto político”, sostiene. Que su regreso a la radio haya sido en octubre no fue casualidad. “Es un mes especial para los seguidores de García”, remarca. “Papá Charly”, como le dice, acaba de cumplir 75 años. Nada mejor que un programa que lo celebre y que acompañe a todos los que encuentran en sus canciones un mundo mejor.
“. La respuesta era siempre la misma: “Charly”. Con el correr de los años, la relación con García alcanzó otra dimensión





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