Hasta este 29 de octubre todo lo que se viene diciendo sobre Avengers: Doomsday se conecta con las expectativas de un regreso a lo grande del cine de superhéroes y de una de las apuestas más contundentes de todo el Universo Cinematográfico de Marvel. La noticia del fallecimiento de Patrick Stewart, conocida en las últimas horas del jueves, convertirá ese regreso, previsto para mediados de diciembre, en una celebración teñida de nostalgia y duelo. El nuevo y gigantesco proyecto de Marvel será al mismo tiempo el último aporte al cine de un actor exquisito y distinguido, al que recordaremos a partir de hoy por haber representado desde su talento, casi como ningún otro de sus pares, lo mejor de dos mundos que en cualquier otro caso estaría irremediablemente separados. Tal vez la única figura que pudo alcanzar la misma altura artística de Stewart en ese colosal desafío fue su entrañable amigo, contemporáneo y eterno rival en la pantalla Ian McKellen. En la indestructible amistad entre ambos fuera de los sets se sostiene algo que parece imposible de lograr: una comunión entre el clasicismo shakesperiano y lo más representativo de la cultura popular. Stewart, que falleció a los 86 años en su residencia de Los Angeles por derivaciones del mal de Alzheimer que se le había diagnosticado poco tiempo atrás, hizo que no resultara incongruente o extraña para la nadie la presencia de alguien con estampa hamletiana en el cuartel general de los Avengers o el castillo que protege a la cofradía mutante de los X-Men. La integración de esos dos mundos, eje de la resurrección con la que sueña Marvel para fines de este año, quedará marcada a fuego en la aparición póstuma en la pantalla de Stewart. Su última contribución al universo del que formó parte desde 2000 encarnando al profesor X o Charles Xavier, un genio de la ciencia, experto en la lectura certera de cualquier mente ajena, considerado además indistintamente como fundador o líder de los X-Men y enemigo íntimo del supervillano Magneto (McKellen), su verdadero alter ego. Ambos personajes y ambos actores envejecieron juntos y disfrutaron de manera admirable el eterno juego entre la ficción y la realidad. El otro inolvidable rostro que Stewart legará a la mejor historia de la cultura popular del último medio siglo también es una exploración hacia los límites de la fantasía. El gran actor que estamos despidiendo logró darle interminable vigencia (con una medida de tiempo tan propia de la ciencia ficción) al capitán Jean Luc Picard, uno de los mejores nombres de esa maravillosa congregación que lleva el nombre de Star Trek (o, para nosotros, Viaje a las estrellas ). De la mano del elegante y preciso Stewart, Picard recogió entre 1987 y 1994 la posta del elenco original y llevó a La nueva generación a ser reconocida como la primera gran heredera de aquellos pioneros de la aventura interestelar. Esta secuela acompañó los enormes cambios televisivos de ese tiempo, dejando a la vista que pocas creaciones del género supieron adaptarse tan bien a cada nueva etapa de transformaciones en la pantalla. Dos décadas después del colosal debut de Viaje a las estrellas, Stewart tomó la figura del capitán James T. Kirk (William Shatner) y la dio vuelta por completo, logrando al mismo tiempo la proeza de ensalzar todavía más los valores del primer comandante del Enterprise marcando un nuevo camino, completamente distinto. Picard era la antítesis del temperamental y aguerrido Kirk. Mucho más formal, juicioso, calmo y con pocas ganas de dejar el puente de mando de aquella nave “dedicada a la exploración de nuevos mundos, a la búsqueda de nueva vida y de nuevas civilizaciones hasta alcanzar lugares donde nunca nadie ha llegado antes”. Stewart fue Picard en 178 episodios de La nueva generación y cuatro películas. Y le dio tanta relevancia y popularidad a su personaje que en 2020 reapareció como un comandante ya anciano en una nueva etapa de la serie con su nombre propio en el título. Star Trek: Picard se estrenó en 2020 y allí, como señaló en su momento la crítica de LA NACION (y como lo hizo siempre a lo largo de su ilustre carrera) Stewart mejoró todo el material que llegó a sus manos. “Los diálogos sobre cerebros positrónicos en su voz suenan graves y naturales sin esfuerzo, mientras que en sus interlocutores parecen infantiles y forzados”, se lee allí. Todo se explica y se entiende a partir de un estado de ánimo. Si algo caracterizó a Stewart fue una eterna disposición desde un conocimiento amplio y profundo del repertorio shakesperiano (su especialidad) a explorar todo el tiempo el costado lúdico de la formación teatral clásica, exigente por naturaleza y pródiga en requerimientos formales. El gran actor británico nunca eludió esos compromisos. Fue un gran pilar de las representaciones del acervo de Shakespeare durante largas décadas de incansable labor teatral (fue miembro de la Royal Shakespeare Company desde 1966) y su presencia en memorables versiones de textos clásicos (como el Esperando a Godot que protagonizó junto a McKellen) fue premiada varias veces con el Olivier, la mayor distinción teatral del Reino Unido. Pero al mismo tiempo supo abrirse generosamente a la comedia cada vez que le dieron la oportunidad de hacerlo. Puso su voz (grave, profunda, expresiva, única) al servicio de varios personajes paródicos de su propia historia artística en series animadas como Los Simpson y Padre de familia . Su último papel como gran actor de voz se disfruta en la muy poco valorada (y magnífica) Las ovejas detectives, disponible en Amazon prime Video. Con su distinguido y aristocrático porte y esa calva perfecta (perdió el pelo a los 18 años) encarnó en tanto a un memorable camarero con ínfulas en la formidable película L. A. Story , junto a Steve Martin, y se animó a ser un rey Ricardo Corazón de León fuera de cualquier registro serio en Las locas, locas aventuras de Robin Hood de Mel Brooks. El cine no dejará de evocarlo también por algunos grandes papeles dramáticos, aunque lo suyo siempre fue el teatro. Había nacido como Patrick Hewes Stewart en Mirfield, Yorkshire (al norte de Inglaterra) el 13 de julio de 1940, hijo de un militar y una trabajadora textil, tejedora de oficio. Dejó la escuela a los 15 años para probar suerte en una incipiente carrera periodística, pero pudo más una temprana vocación teatral que se inició con su ingreso en la escuela del Bristol Old Vic Theatre en 1957. Para lograr un lugar allí ahorró un año entero trabajando como vendedor de muebles. Desde 2010 nos acostumbramos a verlo como Sir Patrick Stewart, tras ser coronado caballero de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II por su contribución artística (especialmente teatral) de toda una vida. También paseó por el mundo un espíritu siempre curioso y descontracturado: cada vez que le tocaba compartir con la prensa internacional entrevistas armadas para algún estreno importante de cine se tomaba su tiempo para preguntarle a cada cronista su origen, el país y el medio al que representaba. Y siempre tenía alguna pregunta fuera de programa para ellos, quizá como eco de una cercanía con el periodismo que nunca quiso profundizar “porque pasaba demasiado tiempo en el teatro y poco en la redacción”, según su primer editor. También se lo recordará como fanático del Huddersfield, el más importante de su terruño natal, que actualmente milita en la tercera división del fútbol inglés. Este fervor futbolístico lo llevó con el tiempo a tener otro ídolo, Lionel Messi, aunque con una ayuda muy significativa. Ambos se encontraron en 2017 en una ceremonia de premios de la FIFA y Stewart inmortalizó el momento con una foto en sus redes sociales. I met a God tonight! #LeoMessi #TheBest FIFA Football Awards 2017 pic.twitter.com/S0mne74jLm — Patrick Stewart (@SirPatStew) October 23, 2017 “Esta mano estuvo en la mano de Lionel Messi, no particularmente porque yo quería conocerlo, sino por mi esposa. Lionel Messi la hizo fanática del fútbol”, dijo en referencia a la cantante Suzie Ozell, su tercera y definitiva compañera a la que se unió en 2013 en una ceremonia oficiada por su entrañable amigo Ian McKellen. Antes estuvo casado con la coreógrafa Sheila Falconer (con quien tuvo a sus dos hijos, Sophie y Daniel) y con la productora Wendy Neuss. En 2018, cuando anunció que iba a volver a ser Jean Luc Picard, resumió su manera de ver y entender la vida: “Me siento preparado para volver a él por las mismas razones que llevaron a tantas personas a seguir el ejemplo de Picard y emprender un camino en los campos de la ciencia la exploración y el liderazgo. Quiero investigar y explorar cómo mi personaje iluminará estos tiempos frecuentemente oscuros en los que vivimos”.
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