Volvemos al beisbol. El 9 de octubre escribí aquí sobre Drew Rasmussen, abridor de los Rays de Tampa Bay, que estuvo a cuatro outs de un juego sin hit ante los Yankees y ganó 1-0 gracias a un jonrón del mexicano Jonathan Aranda. Tres semanas después, el héroe de aquella noche vio el tercer juego de la Serie Mundial desde la banca. ¿Qué pasó? En el segundo juego, en Milwaukee, se le cayó un elevado de foul y el bateador, con vida extra, impulsó la primera carrera de los Cerveceros. Más tarde, una rola de rutina se le fue entre las piernas. El anotador registró un solo error; el otro no aparece en la estadística, pero sí en el marcador. Tampa perdió 5-4. El lunes 26 de octubre, el manager Kevin Cash lo sacó de la alineación. Versión oficial: el rival abría con un zurdo. Pero Aranda, el tijuanense, All-Star en 2025, bateaba de 7-4 en la Serie y pegó 22 jonrones en la temporada. Pocos lo creyeron del todo, sobre todo cuando Junior Caminero, la estrella del equipo, declarara que en una Serie Mundial no se pueden cometer errores. El problema no es solo si la decisión fue justa, sino lo que el equipo entendió de ella. El beisbol es, en el fondo, una metáfora de la lucha en equipo. Casey Stengel, el legendario mánager de los Yankees, lo resumió así: “Conseguir buenos jugadores es fácil; lo difícil es lograr que jueguen juntos”. Sabía de lo que hablaba: ganó siete Series Mundiales con los Yankees y luego dirigió a los Mets de 1962, que perdieron 120 juegos. Mismo mánager, otro equipo. Un vestidor que busca culpables deja de jugar junto. En las empresas pasa a menudo. Un director con quince años de buenos resultados se equivoca en una adquisición o en una negociación. Y el consejo, presionado por el trimestre, lo manda a la banca: lo reubica, le quita la división o le agradece los servicios prestados. A veces es lo correcto. Muchas veces, no. Ted Williams, el último en batear .400, decía que el beisbol es la única actividad en la que alguien puede triunfar tres de cada diez veces y ser considerado un buen jugador. Muchas empresas aplauden al bateador de .300, pero exigen guante de 1.000. Conviene distinguir. No es lo mismo el error de quien se arriesgó que el de quien no se preparó, ni el error de juicio que el de integridad. El primero se corrige, el segundo se paga. Quien castiga igual a los dos enseña que lo más seguro es no intentar nada. Bill Buckner conectó más de 2,700 hits, pero se le recuerda por una rola que se le fue entre las piernas en la Serie Mundial de 1986, un 25 de octubre, hace cuarenta años. La memoria colectiva archiva trayectorias completas en la carpeta de un solo error. Quien dirige no puede darse ese lujo. Tommy Lasorda decía que dirigir es como sostener una paloma en la mano: si aprietas demasiado, la matas; si aflojas, se te escapa. Mandar a alguien a la banca es apretar. Antes de hacerlo, conviene preguntarse: ¿el error revela algo nuevo de la persona o solo confirma que es humana? ¿La decisión protege al equipo o a quien la toma? ¿Qué aprenderán los demás al verla? “Un error dice lo que alguien hizo; una trayectoria, quién es”. C.R.G. Aranda entró de emergente en el tercer juego, cuando Tampa ya perdía 10-0. Lo sacaron para no perder y lo metieron cuando ya no había nada que perder. Antier, 28 de octubre, Milwaukee ganó la Serie Mundial 4-1, la primera de su historia. Una franquicia de mercado pequeño venció a un equipo con más reproches en el dugout que carreras en el marcador. El talento gana juegos; la confianza gana series. Stengel no se habría sorprendido. Mandar a la banca es fácil. Lo difícil es explicar, después, por qué nadie quiere ya ir por las pelotas difíciles… Puntos de reflexión 1. ¿Cuándo fue la última vez que juzgué a alguien por su peor día y no por su trayectoria? 2. En mi organización, ¿se castiga igual el error de quien se arriesgó que el de quien no se preparó? 3. Cuando muevo a alguien de puesto, ¿lo explico o dejo que el equipo saque sus propias conclusiones? 4. ¿Qué pelotas difíciles han dejado de perseguir mis colaboradores?
En el segundo juego, en Milwaukee, se le cayó un elevado de foul y el bateador, con vida extra, impulsó la primera carre





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