El Nobel 2026 distinguió a Robert Hall y Michael Woodford por sus aportes a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica. Entre aranceles, tensiones geopolíticas y volatilidad energética, una lectura apresurada sugeriría una regla: ante un shock de oferta, el banco central debe “mirar a través”, sin mover la tasa. Para Chile, una economía abierta e importadora de energía, esa interpretación resulta incompleta. Hall mostró que, bajo la hipótesis del ingreso permanente, el consumo responde a los recursos futuros esperados y no solo al ingreso corriente. El petróleo más caro reduce el ingreso real y, si ese deterioro parece persistente, los hogares ajustan su gasto desde hoy. Pero el modelo supone poder ahorrar y endeudarse, algo que no está al alcance de todos. Cuando una familia vive al día y destina buena parte de su presupuesto a energía y transporte, el encarecimiento de esos bienes obliga a recortar de inmediato otros consumos . Así, un shock de oferta también debilita la demanda, especialmente entre quienes tienen menos recursos para amortiguarlo. Woodford enseñó que l a orientación de la política monetaria depende de la brecha entre la tasa real esperada y la tasa natural de corto plazo, más sensible a los shocks transitorios que la neutral de mediano plazo. Observar la tasa nominal no basta. ¿Cómo cambia la tasa natural tras un shock petrolero? La dirección es incierta: una caída transitoria del consumo seguida de una recuperación puede elevarla; una menor inversión o un mayor ahorro precautorio pueden reducirla. En una economía abierta también influyen las tasas internacionales, el tipo de cambio real esperado y el riesgo país. Si la tasa natural cae, mantener constante la tasa real de política equivale a endurecerla en términos relativos, aun sin buscarlo. Esto no significa que el Banco Central pueda ignorar el shock. Los mayores costos pueden propagarse a otros precios y a los salarios ; en Chile, la indexación refuerza ese riesgo. Las expectativas tampoco se forman solo leyendo el IPoM: las familias observan cuánto pagan por la bencina, el transporte y los alimentos. La credibilidad ayuda, pero evitar efectos de segunda vuelta exige una trayectoria de política coherente y comprensible, más allá de los anuncios. Chile enfrenta esa tensión. El IPoM de septiembre combina mayores costos energéticos con una demanda interna debilitada y prevé que la inflación alcance valores cercanos al 3% en el segundo trimestre de 2027. Con expectativas a dos años en torno a la meta, importa menos reaccionar a cada dato del IPC que evaluar cuánto durará el shock, cómo cambiará la tasa natural y si afectará la inflación subyacente. Si la propagación sigue acotada y la demanda continúa debilitándose, postergar un recorte también entraña riesgos . La respuesta tiene, además, una dimensión distributiva. Una ayuda fiscal temporal, focalizada y financiada puede aliviar a los hogares más expuestos sin subsidiar permanentemente la energía . Ese apoyo debe atender la distinta capacidad de las familias para absorber el golpe, pero no reemplaza la disciplina monetaria ni elimina los riesgos inflacionarios. La lección del Nobel no es subir la tasa automáticamente ni esperar de brazos cruzados. Es distinguir entre el aumento inicial de precios, su propagación y los cambios en la demanda y en la tasa natural . La buena política monetaria no consiste en reaccionar más rápido al IPC, sino en entender mejor qué lo está moviendo. *El autor de la columna es decano de la Facultad de Administración y Economía UDP.
La dirección es incierta: una caída transitoria del consumo seguida de una recuperación puede elevarla; una menor invers



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