Sequías extensas, temperaturas extremas, nuevas plagas, lluvias más intensas y suelos sometidos a una mayor presión se suman a una población mundial que, según Naciones Unidas, alcanzaría cerca de 9.800 millones de personas hacia 2050. En ese contexto, la agricultura cuenta con el desafío de producir más alimentos y, al mismo tiempo, haciéndolo de manera más eficiente en recursos como el agua y el suelo. En entrevista con el director ejecutivo de ChileBio , Miguel Ángel Sánchez, para Hub Sustentabilidad de Radio Duna , explicó que la respuesta está en acelerar la capacidad de adaptación de la agricultura. “Hoy día necesitamos imperiosamente adaptarnos. Si seguimos haciendo las cosas como las hemos venido haciendo en los últimos 200, 100 años, no vamos a poder conseguir la producción de alimentos necesaria para esta población creciente”, sostuvo. En esa línea, explicó que la adaptación de las plantas a nuevas condiciones no es un fenómeno nuevo, ya que, durante cientos de años, los seres humanos han seleccionado y desarrollado variedades con características determinadas, desde distintos tipos de manzanas hasta cultivos capaces de responder mejor a determinadas condiciones. La diferencia es que hoy las herramientas biotecnológicas permiten acelerar considerablemente ese proceso. En el caso de los frutales, por ejemplo, desarrollar una nueva variedad puede tomar décadas. “Para obtener una variedad de manzana nueva, en términos generales, uno tiene que pensar que eso toma 50 años. Y no tenemos 50 años”, advirtió Sánchez. En hortalizas, dijo, el desarrollo de una nueva variedad puede tomar cerca de una década, mientras que las herramientas biotecnológicas permiten reducir esos plazos a menos de cinco años en determinados casos. “Reducen los tiempos considerablemente y además reducen los costos considerablemente también” . Uno de los avances que ha cobrado más fuerza durante los últimos años ha sido la edición genética. A diferencia de los organismos transgénicos, donde se puede incorporar un gen proveniente de otro organismo para obtener una determinada característica, la edición genética busca modificar de manera precisa el propio material genético de una planta. Según Sánchez, el objetivo es “imitar cambios genéticos que ocurren en la naturaleza” , pero que normalmente se producen de manera azarosa y pueden tardar mucho tiempo en aparecer. Estas herramientas ya han permitido desarrollar productos con características específicas en distintos países. Entre los ejemplos, Sánchez mencionó una variedad de lechuga que puede extender su vida poscosecha en alrededor de dos semanas, un tomate desarrollado en Japón con un mayor contenido de un aminoácido asociado a beneficios nutricionales y una variedad de papa que permite aumentar la cantidad de tubérculos producidos por planta. En todos estos casos, la biotecnología apunta a resolver problemas como reducir pérdidas, mejorar la productividad o aumentar el valor nutricional de los alimentos. Chile también está desarrollando aplicaciones propias. Sánchez destacó el proyecto de una startup nacional que trabaja en la edición genética del trigo para aumentar su contenido de fibra y reducir la proporción de carbohidratos. También mencionó investigaciones del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), entre ellas una variedad de papa que se oxida más lentamente y, por lo tanto, puede prolongar su vida poscosecha y contribuir a reducir el desperdicio de alimentos. A esto se suman investigaciones en vides tolerantes a enfermedades y en manzanas con características nutricionales mejoradas. El país, además, tiene un rol clave en la investigación y producción de semillas a escala global , explicó Miguel Ángel Sánchez. Su diversidad climática y geográfica permite evaluar variedades bajo condiciones muy diferentes. Arica, por ejemplo, ofrece condiciones favorables para acelerar investigaciones agrícolas. Mientras en la zona central un cultivo como el maíz tiene una temporada productiva acotada, en el norte se pueden obtener varias cosechas al año. “Significa que lo que aquí en Santiago te llega a demorar una vez, allá lo puedes hacer tres a cuatro veces en un año”, explicó Sánchez. Esa combinación de condiciones naturales, capital humano, tecnología y experiencia de la industria ha convertido a Chile en un hub global biotecnológico de semillas , indicó Sánchez, lo que además tiene un impacto económico importante. Como dijo, la industria de las semillas biotecnológicas generan alrededor de 30 mil empleos al año en el país y que, durante las últimas dos décadas , Chile ha producido semillas que posteriormente permitieron sembrar cerca de 50 millones de hectáreas en distintas partes del mundo. En ese contexto, planteó que el país tiene una oportunidad que todavía es poco conocida fuera del sector. Una de las razones de este bajo perfil, sostuvo, es la histórica controversia en torno a los transgénicos. “Muchas veces se prefirió no hablar de estos temas en el pasado, porque generaba mucho ruido en la población”, reconoció. Sin embargo, dijo que el desarrollo de nuevas herramientas, particularmente la edición genética, abre una oportunidad para retomar la conversación desde la información y la evidencia. “Tenemos que salir a explicar de qué se trata esto, porque si no, puede ocurrir lo mismo. Expliquémosle a la gente de qué se trata la biotecnología, tiene riesgos o no tiene riesgos, genera amenazas o genera oportunidades. Expliquemos, conversemos, discutamos”. Según explicó Sánchez, Chile ya tiene una posición relevante en este contexto. En el ámbito de las semillas transgénicas,dijo que el país es el principal exportador del hemisferio sur, mientras que en semillas editadas genéticamente se encuentra, según sus cifras, en el segundo lugar mundial en número de solicitudes recibidas por su sistema regulatorio. Más allá de la tecnología específica, su argumento apunta a utilizar todas las herramientas disponibles para que la agricultura pueda responder a un escenario climático que ya cambió. “La palabra clave, diría yo, es adaptarnos”, resumió. La discusión sobre las nuevas tecnologías aplicadas a las semillas no puede quedar separada de desafíos como la seguridad alimentaria, la escasez hídrica o el desperdicio de alimentos. Escucha el programa completo aquí:
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