SEÑOR DIRECTOR: Cada año, los resultados del Simce vuelven a mostrar una realidad conocida: en Chile, las oportunidades de aprendizaje siguen estando profundamente vinculadas al contexto social de los estudiantes. Este año, a esas diferencias se suman las dificultades que han enfrentado numerosas comunidades educativas debido a emergencias climáticas y suspensiones temporales de clases. A pocos días de que el Simce se comenzara a aplicar -entre el 28 de octubre y el 12 de noviembre-, algunos establecimientos pudieron continuar sus actividades con normalidad, mientras otros debieron enfrentar daños, interrupciones e incertidumbre. En este escenario, cabe preguntarse: ¿es pertinente su aplicación? Quizás la pregunta más justa sea otra: ¿qué haremos con sus resultados? Si se utilizan para comparar establecimientos que han enfrentado condiciones distintas, la respuesta debiera ser no. Tampoco parece justo que la evolución de esos resultados otorgue puntaje para asignar recursos, sin considerar las circunstancias en que cada comunidad ha debido enseñar y aprender. En cambio, si la medición permite conocer el impacto de las interrupciones, identificar necesidades y orientar apoyos hacia quienes más los requieren, entonces puede ser útil. Para ello, sus resultados deben interpretarse con atención al contexto y ponerse al servicio de las comunidades educativas. El desafío no es dejar de medir, sino decidir responsablemente qué haremos con la información. No se trata de matar al mensajero, sino de saber escuchar y actuar frente al mensaje. Rodrigo Inostroza Académico de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales, Universidad Finis Terrae

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Si se utilizan para comparar establecimientos que han enfrentado condiciones distintas, la respuesta debiera ser no. Tam