La programada visita de León XIV a nuestro país suscita expectativas en muchos ciudadanos y, particularmente, en el ámbito de la Iglesia . También despierta interrogantes y especulaciones en los ambientes políticos, donde la figura del pontífice parece despertar un interés que excede largamente su misión pastoral . El riesgo es que una visita destinada al encuentro y la reconciliación termine convertida en una nueva ocasión para profundizar nuestras divisiones. La frustración que dejó la visita que nunca llegó a concretarse durante el pontificado de Francisco alimentó interpretaciones de todo tipo. Pero la cuestión central no debería ser qué hubiera hecho su antecesor en nuestra tierra ni qué señales políticas podría ofrecer aquí León XIV. Conviene preguntarse, antes bien, qué esperamos de un pontífice y qué lugar estamos dispuestos a reconocerle en nuestra vida colectiva . La jerarquía católica ha señalado que el sentido fundamental del viaje es pastoral , es decir, un tan cálido como profundo encuentro del sucesor de Pedro con sus fieles, para confirmarlos en la fe y fortalecer su identidad. Esta perspectiva debería bastar para comprender que un Papa no es la continuación de otro ni tiene por qué satisfacer las expectativas que cada sector deposita en su figura. Cada pontífice ejerce su ministerio desde sus convicciones, su personalidad y su particular comprensión de las necesidades de la Iglesia y del mundo. La influencia global de un pontífice no debe confundirse con la capacidad de resolver los conflictos que atraviesan las sociedades ni con la obligación de tomar partido en ellos Desde hace décadas, además de su condición de guía religioso, el Papa ha adquirido una creciente presencia como referente humanista global . Su autoridad moral despierta atención más allá de los límites de la comunidad católica, y sus palabras pueden contribuir a iluminar debates sobre la pobreza, la educación, la paz y el bien común. Pero esa influencia no debe confundirse con la capacidad de resolver los conflictos que atraviesan las sociedades ni con la obligación de tomar partido en ellos. León XIV ha mostrado interés por los problemas del mundo contemporáneo, ha destacado la necesidad de escuchar a los pobres y ha reivindicado el trabajo por el bien común. También ha dado señales de continuidad con muchas de las reformas impulsadas por Francisco . Estos rasgos permiten reconocer las preocupaciones que orientan su pontificado, pero no autorizan a convertirlo en un aliado de nuestras posiciones ni a exigirle respuestas ajustadas a las necesidades de la coyuntura política argentina. Hechos recientes ilustran ese peligro. El presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, Franco Bartolacci , entregó al pontífice una carta en la que las universidades públicas expusieron sus reclamos al Gobierno por el financiamiento de la educación superior y denunciaron incumplimientos de obligaciones legales y decisiones judiciales. La importancia de la universidad pública y la legitimidad de sus autoridades para reclamar los recursos que consideran necesarios no están en discusión. Tampoco corresponde justificar el desconocimiento de las obligaciones que legítimamente le competen al Poder Ejecutivo. Son asuntos que deben debatirse y resolverse por medio de las instituciones, los procedimientos y los mecanismos judiciales correspondientes . Lo que merece cuestionamiento es la decisión de trasladar esa controversia al Papa. No conocemos las intenciones de quienes promovieron la iniciativa, pero cabe preguntarse qué se espera obtener con ella: ¿informarlo sobre una situación que seguramente conoce?, ¿ persuadirlo de que una de las partes tiene razón ?, ¿conseguir una expresión de respaldo que luego pueda utilizarse como argumento de autoridad frente al Gobierno? La presentación de un reclamo sectorial ofrece necesariamente una perspectiva parcial de un conflicto complejo . Llevarlo ante el pontífice supone exponerlo a una controversia política y presupuestaria sin que exista una razón evidente para hacerlo. También alimenta la sospecha de que su autoridad moral puede ser utilizada para reforzar posiciones que deberían sostenerse mediante argumentos, normas y decisiones institucionales. Hay una paradoja en esta actitud. Quienes reconocen la autoridad del Papa parecen olvidar, al mismo tiempo, su capacidad de discernimiento y su independencia . Por supuesto, León XIV puede interesarse por la educación, la pobreza y las dificultades sociales de la Argentina. Puede también pronunciarse sobre ellas si lo considera necesario. Pero una cosa es que ejerza libremente su misión pastoral y otra, muy distinta, que los protagonistas de nuestras disputas procuren incorporarlo a sus estrategias. Respetar su autoridad implica también respetar su autonomía . Respetar la autoridad del Papa implica también respetar su autonomía La historia de la Iglesia muestra que la figura del papado ha adquirido distintos significados a lo largo de los siglos. En tiempos recientes, su presencia pública se ha extendido más allá de lo estrictamente religioso. Sin embargo, ni esa proyección ni el prestigio de quien ocupa la sede de Pedro convierten al pontífice en un árbitro de las controversias nacionales. Su misión no consiste en sustituir a las instituciones, zanjar disputas presupuestarias ni ofrecer legitimidad adicional a quienes buscan imponerse sobre sus adversarios. La Argentina necesita resolver sus conflictos internamente y abandonar la costumbre de buscar en toda autoridad prestigiosa un aliado circunstancial . Si esperamos que la visita de León XIV contribuya al encuentro, deberíamos evitar que su figura quede atrapada en nuestras divisiones. Dejar al Papa fuera de nuestras disputas no significa desentenderse de sus enseñanzas ni desconocer su posible aporte a la vida pública. Significa comprender que su palabra tiene valor precisamente porque nace de una misión propia, que no está subordinada a los intereses de ningún sector. Pretender convertirlo en un instrumento de nuestras controversias sería desconocer esa misión y frustrar la oportunidad de que su presencia ayude, desde la libertad de su ministerio, a construir una sociedad más fraterna .
La programada visita de León XIV a nuestro país suscita expectativas en muchos ciudadanos y, particularmente, en el ámbi




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