El comportamiento del gabinete del Presidente Kast ha sido lamentable. En octubre, los ministros evaluados por Cadem perdieron, en promedio, casi seis puntos de aprobación respecto de septiembre. Con un respaldo presidencial del 29%, Kast necesita un equipo que lo ayude, no que le estorbe. Por cierto, no todos los ministros pesan lo mismo ni tienen la misma responsabilidad, pero varios han convertido sus carteras en una fuente de conflictos, complicando en extremo la tarea del Presidente. ¿Qué ha pasado? Primero, hay una falla de origen. Al igual que Jorge Alessandri en 1958, Kast convocó a su gabinete principalmente a independientes y técnicos, renunciando a los partidos políticos. Mientras Alessandri tuvo que llamar hasta a los radicales para formar gobierno luego de las legislativas de 1961 —en las que liberales y conservadores quedaron con menos de un tercio de la representación en la Cámara—, Chile Vamos, especialmente el piñerismo, espera que la crisis obligue a Kast a golpear la puerta y a darle acceso a puestos clave en el gabinete. La historia ha demostrado, una y otra vez, incluidos los gobiernos de Piñera, que nunca es buena idea dejar de lado a los partidos al momento de hacer gobierno. Segundo, este gabinete no reconoce jerarquías ni está dispuesto a disciplinarse, hasta el punto de que las conversaciones de su propio grupo de WhatsApp terminan filtrándose a la prensa. Al ministro de Defensa le han dicho hasta el cansancio que no es el Canciller, y al ministro de Vivienda le han tirado las orejas por torear al ministro de Hacienda en busca de más presupuesto para su cartera. Para qué hablar del ministro de Justicia, cuya cabeza piden hasta desde RN por el “decretazo” que rebajó las penas de 56 condenados por delitos sexuales contra menores de edad. El nuevo vocero no fue capaz de contener la crisis, lo que obligó al propio Presidente a reconocer el error y, de paso, a confirmar al ministro en su cargo. Ahora se viene una acusación constitucional de difícil pronóstico, pues hasta para legisladores de derecha será difícil respaldar a un ministro cuya gestión es desaprobada por el 77% de los encuestados por Cadem. Tercero, hay hechos insólitos que incluso van más allá del gabinete. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, publicó una foto en un avión de la Fuerza Aérea rumbo a República Dominicana, en la que se le ve muy cómodo, rodeado de asientos vacíos. Como si en Chile la desigualdad no fuese un problema, el subsecretario se encargó de hacerla más visible, todo ello en medio de una crisis económica espantosa. Fue una foto tan desubicada que se llevó el reto del ministro de Interior. El Presidente tendrá que renovar su equipo. De lo contrario, llegará a marzo de 2027 con un enemigo interno incontrolable que, en lugar de protegerlo, lo hundirá en una espiral de desaprobación que alimentará el malestar, la rabia y, por qué no, la protesta callejera. Este gabinete, en definitiva, se rompe o se quiebra. Por Mauricio Morales , académico Universidad de Talca
Primero, hay una falla de origen. Al igual que Jorge Alessandri en 1958, Kast convocó a su gabinete principalmente a ind





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